~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


lunes, 22 de junio de 2020

Findom no es femdom



De un tiempo a esta parte algunas, jovencitas sobre todo, quizá compinchadas con sus novios vainilla, ven una forma de ganar dinero fácil con eso de insultar y enseñar los pies o algo más, a cambio de dinero. Es una auténtica plaga de findoms de pacotilla. Ni siquiera les gustan los sumisos, de hecho los desprecian, no como parte de una dinámica de humillación sexual, sino que están convencidas de que son unos perdedores. Ellos a su vez pagan a cambio de, como eso tan trasnochado de pagar por lograr sexo porque no tienen otra cosa que ofrecer. Tanto unas como otros, lejos de no hacer daño a nadie, ofrecen una imagen lamentable del femdom, porque lo grave es que se ponen nicks de Amas. Al menos deberían llamarlo por su nombre, yo propongo tributismo a falta de otra cosa mejor, porque ni eso es dominar ni eso es someterse.

Te enseño las tetas y dame dinero” no es dominar, por mucho que insultes y menosprecies a esos “sumisos” que creen que la sumisión es arrastrarse y degradarse por las buenas. Intentar defender una Dominación Femenina no machista en la que los hombres no van de putitas ni ellas de amos con tetas, es desalentador con el panorama que hay, pero aquí sigo como los irreductibles galos de la aldea Asterix. Soy muy indie en todas mis facetas así que no me pilla de nuevas eso de tener un pensamiento independiente y contra corriente. Mientras tanto, ellas seguirán contando euros, con esa pobreza extrema de los que son tan pobres que solo viven para el dinero, y ellos se auto engañarán creyendo que clicar en el botón de donar les consigue el Ama de sus sueños.

Se podría hacer un starter pack findom en un minuto: escote, dedo anular levantado, insultos y símbolo del dólar. No hay más. 

Dentro de una relación femdom, aunque sea a distancia o esporádica, el control del dinero puede ser un componente más o no intervenir para nada, pero que sea la base de esa especie de transacción ciber entre desconocidos... lo dicho, tributismo y nada más.


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jueves, 14 de mayo de 2020

Porno cuentos femdom



La cuarentena pude ser productiva e ilusionante. Aproveché para escribir más, como ya comenté en el post anterior, donde iba relato gratis, así que tengo listo mi nuevo libro de relatos femdom. Se llama Porno cuentos femdom y trata justo de eso, de versiones eróticas de los cuentos tradicionales más famosos. Obviamente ni hay menores de edad ni está destinado a ellos. Atrévete a conocer a las protagonistas en versión femdom de Caperucita, Cenicienta, Rapunzel, y más.


En mi libro no hay sitio para princesitas pasivas que necesitan ser rescatadas para vivir su despertar a la sexualidad, que es básicamente el trasfondo de la mayoría de los cuentos. Quedaron fuera algunas ideas que no daban para mucho en el terreno femdom, aunque me sobre imaginación, como Alicia, la sirenita, etc. Como novedad, si conocéis mi línea habitual de ficción femdom, me he ido un poco más hacia lo explícito, hay más porno que erotismo; es lo que tiene tanto confinamiento, que desata la libido :P

De momento y hasta el 20 de mayo lo tengo puesto en preventa, en plan tease and denial :P Así que podéis reservarlo ya, en formato digital y en breve en papel, en este enlace:


jueves, 30 de abril de 2020

Relato femdom: Caperucita femdom y el lobo domado



No creáis que ando cruzada de brazos con esto del confinamiento. Estoy casi más ocupada de lo habitual. También aprovecho para retomar cuestiones que tenía aparcadas, como mi próximo libro de relatos. Esto es una muestra de su contenido. Quiero hacer relatos basados en cuentos tradicionales pero con una versión femdom. Aún ando recopilando ideas así que se admiten sugerencias, que podré o no aceptar, claro :P Sin más introducción, aquí está mi particular versión de Caperucita y el lobo feroz.


Caperucita salió como cada mañana de su casa tras la charla diaria de la pesada de su madre. Ya no era ninguna niña, tenía 20 años recién cumplidos, aunque todos siguieran llamándola por ese ridículo nombre. Era cierto que le gustaba la ropa con capucha y que el rojo era su color favorito, pero su atuendo no era precisamente inocente, tal como le recriminaba su madre.
-Mira que te vas a resfriar con el cuello tan abierto. Y no olvides decirle a la abuela que-
Caperucita ya perdía la paciencia últimamente y dejaba a su madre con la palabra en la boca. Hacía un día precioso y quería aprovechar bien su paseo por el bosque.
Se desabotonó otro botón de la blusa, que le estaba quedando estrecha después de caer en la habitual tentación de comerse la mitad del contenido de la cesta destinada a su abuela, postrada en la cama por un mal esguince.
La conocida senda de tierra estaba un poco fangosa por la última lluvia nocturna, así que decidió cruzar por entre los aromáticos árboles. Aspiró encantada el frescor del aire y abrió la cesta para escoger su pastel favorito. Aquello era la felicidad con mayúsculas. Tan solo anhelaba una cosa más, pero no había en la aldea muchacho digno de sus fantasías.
De repente, un desconocido le salió al paso desde detrás de un grueso tronco. Era un tipo extraño, de rostro y orejas alargadas, largos colmillos -como pudo apreciar por la falsa sonrisa que le dedicó a modo de saludo- y una barba tan poblada que se extendía más allá de lo normal tanto hacia los ojos como hacia su cuello. Las manos eran muy peludas también, y por sus mangas asomaba largo vello procedente de sus brazos. Llevaba unos pantalones ajustados y una gorra colocada de manera desenfadada. Le recordó a un tipo muy pesado que intentó ligar con ella en la última fiesta de la comarca. En aquella ocasión lo despachó con un puntapié, y haría lo mismo si no la dejaba en paz.
-Aparta, ¿no ves que llevo prisa?
-¿La llevas, guapa? Yo juraría que dabas un tranquilo paseo.
No había nada que pusiese de peor humor a Caperucita que un tipejo llevándole la contraria. Si encima le impedía el placer de comer un pastelito bajo los árboles, eso lo convertía en candidato directo a llevarse una patada en la espinilla, como mínimo.
-Escucha, feo, no estoy de humor para tus tonterías de ligón barato. Me marcho.
-Pero, nena, ¿a qué viene tanta prisa? No tengas miedo, soy inofensivo.
-No me digas. Yo, por el contrario, soy cinturón negro de karate, así que ándate con ojo.
-Uhm, me ponen las gatitas que se resisten. Y además, tu escote me está quitando el hipo.
Caperucita no se lo pensó dos veces. Dio dos zancadas hasta el desconocido, le arreó con la cesta y echó a correr.
Escuchó una risa a su espalda.
-¡Pero dime cómo te llamas! A mí me dicen todos Lobo. ¿Nos volveremos a ver? ¡Dí que sí, porfa! Todavía tienes que arrearme en la otra mejilla, ja ja ja.
Caperucita se frenó en seco. Su abuelita tendría que esperar otro rato y además le vendría bien un poco de dieta con tanto reposo. Era la madura más atractiva de la región y no quería arruinarle la figura. Más le preocupaba que la rondasen individuos como ese tal Lobo, y su auténtica intención al visitarla era ahuyentar moscones de su puerta. Debía asegurarse de que al menos ese quedase fuera de juego.
Se dio la vuelta lentamente y fingió una sonrisa en son de paz.
-Tienes razón. Aún no te arreé lo suficiente. Eres un chico malo y debes pagar por ello. ¿Nadie te enseñó modales?
Lobo parecía confuso. Quizá nadie le había plantado cara y estaría acostumbrado a que las jovencitas huyesen despavoridas. Pero Caperucita no era como las demás. Y tenía que dejárselo claro.
-Oye, dime una cosa -le espetó cuando lo tuvo a un par de metros-. ¿Siempre eres igual de gilipollas? ¿Te funciona? ¿Caen muchas rendidas con tus chorradas?
Lobo ya no parecía confundido. Su estúpida sonrisa se esfumó de su rostro y parecía realmente enfadado.
-Ten cuidado, a mí nadie me habla de esa manera.
-Uy, qué miedo me das -dijo Caperucita, mientras desabrochaba otro botón más de su blusa. Tan solo de pensar en lo que estaba a punto de pasar le entró calor en la fresca mañana.
Lobo dirigió su mirada al pecho que asomaba más allá de lo que el decoro permitía.
-Parece que la fuerza del señor Lobo se le va cuando mira un inocente escote... Te propongo un trato. Bueno, más bien, un reto. Si lo superas, me desnudo entera.
Lobo pareció salivar.
-De acuerdo -dijo, pensando más con la bragueta que con la cabeza-. ¿Cuál es el reto? Yo puedo con todo, je je.
Caperucita no tuvo que fingir una sonrisa esta vez. “Ya veremos si puedes, fanfarrón.”
-Oh, no será tan difícil la prueba, al menos para un tipo tan duro como tú, y además, será divertida, sobre todo para una chica como yo. Siéntate con la espalda apoyada en ese tronco -dijo, con tono autoritario.
-Pues sí que es fácil la cosa, ja ja -dijo Lobo, tomando asiento. Lo único difícil hasta el momento estaba siendo mantener escondido el bulto en su pantalón bajo la apretada tela.
-Qué graciosillo. La prueba es la siguiente. Tienes que aguantar sin correrte hasta que yo te lo diga.
-Ah, bueno, yo aguanto mucho, nena. Seguro que me pides tú antes que pare. Supongo que te vas a poner encima y por eso estoy sentado, ¿a que sí?
-Encima me voy a poner, sí, pero primero tengo que atarte.
-No creo que sea necesario.
-Lo voy a hacer. Te callas y punto. De hecho te haré callar.
-Uy, uy, ja ja.
Obviamente Lobo no se la estaba tomando muy en serio, y eso aumentó las ganas de Caperucita de bajarle los humos. Sacó una larga cuerda que llevaba siempre en la cesta, por precaución, en caso de necesitar ser rescatada de alguna hondonada traicionera en el terreno. Ató rápidamente a Lobo alrededor del pecho uniéndolo al rugoso tronco. Estuvo tentada de dejarlo así y echar a correr, para castigarlo, pero decidió buscar la manera de que el castigo fuese al mismo tiempo su placer.
-Bueno, basta de tonterías. Si no paras de reír tendré que amordazarte.
-Oye, no te pases con el jueguecito, a ver si tengo que denunciarte cuando esto acabe.
-¿Te parezco un peligro?
-Para nada -dijo Lobo, no del todo convencido-. Pero uno nunca sabe cuándo va a toparse con una puta loca.
Zas. La bofetada le volvió la cara del revés y dejó caer su gorra al suelo.
-Nadie me llama puta y menos en mi cara.
La gorra tapaba una buena melena, dato que Caperucita aprovechó para darle un buen tirón de pelo a Lobo, al tiempo que lo obligaba a mirar hacia arriba. Lo primero que se le ocurrió al ver su insolente mirada fue escupirle en la cara. Lobo estaba entre atónito y excitado. Ninguna chica se había atrevido nunca a tratarlo así. Y no parecía disgustarle del todo.
-Perdona, era una manera de hablar, lo de puta loca...
Otro nuevo tirón de pelo.
-¡Que no lo repitas, estúpido!
-Vale, vale, entendido.
Por primera vez, bajó la mirada, cosa que complació mucho a Caperucita.
-Bien, mejor. A ver si te portas bien y te suelto pronto.
-No tengo prisa, de hecho -confesó Lobo, lleno de repentina curiosidad por ver qué nuevas sensaciones le iba a deparar la mañana.
-Así que eres un pervertido, ¿eh? Si ya me lo imaginaba. Se te nota de lejos. Pero apuesto a que esto es nuevo para ti.
“Y para mí”, se dijo Caperucita, que hasta entonces tan solo había podido imaginar algo así en sus sueños más salvajes.
-Pues sí -admitió Lobo.- Pero soy un hombre de mente abierta y no tengo miedo de probar cosas nuevas.
-Oye, que te quede claro, esto no va de complacerte y ponerte cachondo. Esto es un castigo que te has buscado y que te mereces. Los machitos fanfarrones como tú me dan asco, así que vas a pagar por todos ellos juntos.
Lobo apenas podía pensar con claridad. No entendía bien el discurso ni las intenciones de la chica. Solo sabía que estaba a su merced, indefenso, viéndole casi todo el escote abierto, y la situación le estaba poniendo muchísimo. Empezaba a cansarse de ser siempre el que tomaba la iniciativa y de cumplir su papel de semental, aunque jamás lo confesaría si no se veía obligado a ello. Caperucita, por su parte, no necesitaba ninguna confesión, ya que su abultado pantalón hablaba por sí solo.
Si ella se propasaba, por la cuenta que le traía, no tendría ocasión de repetir. Con ese pensamiento se quitó los pocos reparos que pudiera tener y se dejó llevar.
-Ok, tienes razón. Castígame, he sido muy malo y no merezco compasión. Estoy completamente en tus manos, haz conmigo lo que quieras.
Tanto si era teatro barato por parte de Lobo como si había algo de sinceridad en sus palabras, Caperucita escuchó esa ronca voz diciendo aquello y casi tuvo que apretar los muslos para no correrse antes de tiempo.
-Bueno, poco a poco, que el ritmo lo marco yo. Pero lo primero es lo primero, y aún no desayuné. No voy a dejar que me arruines la fiesta. Ah, y esto también es importante, no vale hacer trampa.
Buscó la rústica cuerda que anudaba la bragueta del pantalón de Lobo y le dio un tirón.
-Así, que yo vea si eres capaz de no correrte. ¿Ya estás mojado? Mal vas... Ja ja ja.
-Es solo líquido, no es semen.
Caperucita realmente no conocía bien los entresijos de la intimidad masculina, pues más allá de un par de empujones de cadera por parte de algún atontado del vecindario, poco había experimentado en el sexo.
-Ya, ya lo sé -mintió-, solo bromeaba. Luego me ocuparé de... tu cosita. Ahora me voy a comer este estupendo pastelito. Mmm qué rico.
Caperucita degustó voluptuosamente el pastel, mientras observaba con malicia el expuesto pene erecto de Lobo. Su dueño, haciendo una rápida conexión mental entre los lametones de Caperucita y cómo le gustaría que los emplease sobre su entrepierna, sintió la sangre agolparse de repente en ese punto de su anatomía.
-Vaya, vaya, pues sí que aún podía crecer más eso. La verdad es que es enorme, Lobo, ya veo que lo tienes todo muy grande. Las tendrás a todas loquitas, ¿eh?
-No me puedo quejar -respondió él, que apenas podía respirar normalmente.
-Estaba siendo irónica, ceporro. Supongo que tus neuronas, ya de por sí lentas, no dan para más ahora -dijo, mientras se relamía las comisuras de los labios para apurar los últimos restos de azúcar-. A ver lo que puedo hacer contigo. No me van los tontos, por eso no encuentro novio en la aldea. Espero que al menos tú me sirvas de diversión cuando te use y abuse de ti.
Las últimas palabras de Caperucita provocaron un espasmo en el pene de Lobo, que sintió un escalofrío de placer recorrerle la nuca.
-Dime, Lobo, ¿tienes hambre?
Pero ella no esperó respuesta. Se subió la enagua y se bajó las braguitas de encaje del tirón. Agarró de nuevo la frondosa melena y guió su cabeza hasta dejarla a la altura adecuada. Él no necesitó indicaciones ni órdenes. Sacó su larga lengua y empezó a lamer con fruición el sexo de la chica. Ella no paró de darle tirones de pelo, cada vez más fuerte, a medida que aumentaba su excitación. Cuando se corrió la primera vez, se apartó para ver cómo iba su erección. Estaba al máximo, pero aguantaba sin correrse por el momento.
Caperucita se giró, levantó de nuevo su ropa a la altura de la cintura y le colocó el culo en la cara a Lobo. Se apoyó contra él sin dejar un resquicio. Cuando oyó un sonido gutural se apartó un poco para dejarlo respirar. Repitió la operación varias veces, mientras una sonrisa de diversión se le pintaba en el rostro. Después separó sus prietas nalgas para dejar expuesto su ano, haciéndole entender lo que debía lamer a continuación. Así lo hizo Lobo, disfrutando el momento a pesar del considerable dolor de testículos que tenía. Pensaba que quedaría poco para que ella se introdujese su miembro por la rosada apertura que acababa de lamer minutos atrás y poder al fin aliviarse un poco.
Pero Caperucita volvió a girarse y le cabalgó la cara con su húmedo coño en salvaje desenfreno. Sus gemidos podrían haber despertado a la aldea entera, de haber estado allí en vez de en medio del bosque. Un par de pájaros alzaron el vuelo asustados en ese momento. Lobo no se dio cuenta, con su cara empapada de flujo vaginal, y su pene goteando cada vez más sobre el lecho de hojas otoñales. Tras su segundo orgasmo, Caperucita se bajó la ropa para pensar qué haría a continuación con su inmovilizado rehén.
-Apuesto a que te mueres por follarme.
-Sí -dijo con dificultad Lobo, que aún sentía la fuerza de las embestidas de ella en sus músculos faciales.
-Pues hoy va a ser que no -repuso ella con una traviesa carcajada-. Prefiero jugar un rato con esto que tienes aquí.
Se agachó para tocar el pene de Lobo y este suspiró sin poder evitarlo. Bastaría un par de roces más para que sucumbiese al orgasmo, y eso supondría perder la apuesta y privarse de ver su desnudo cuerpo, que debía ser de infarto, visto lo visto hasta entonces. Se mordió los labios y trató de pensar en cosas desagradables.
La mano de Caperucita acariciaba su glande y a veces descendía hasta su abdomen. Aquello era pura crueldad, si seguía tocando allí ni el más desagradable pensamiento lo salvaría de su derrota.
-Por favor... no... ¿no puedes tocar más abajo?
Su voz sonó agónica.
-Así que señor Lobo quiere que le toque a su manera y gusto.
Paró por un momento y empleó esa mano en darle un par de sonoros bofetones.
-¡Que no te enteras! ¡Que me resbala si te gusta o no, te estoy castigando, cretino!
-Y que lo digas, lo estoy pasando mal -dijo Lobo, a punto de sollozar por primera vez en su vida.
-Pues no lo parece, tu polla parece a punto de explotar. Pero, veamos, por dónde íbamos. Ah, sí, querías que te tocase más abajo. ¿Qué tal aquí?
Caperucita cogió con su mano los testículos de Lobo y dio un apretón. Lobo soltó un “ay” seguido de algo en voz baja muy parecido a “japuta”.
-¿Me has insultado otra vez? Serás cerdo, aunque parezcas un lobo. Ahora aprenderás. Te dije que tendría que amordazarte, pero no tengo con qué hacerlo. Habrá que improvisar.
Se sentó en el suelo delante de él, se descalzó y metió a la fuerza un pie en la boca de Lobo. Él intentó zafarse y hablar, pero no pudo hacer nada más que dejarse humillar.
-Abre más la boca, joder, que me raspas con tus largos dientes. Así, muy bien, bien adentro, que te cabe entero. Chupa, cabrón.
Con su otro pie, se dedicó a recorrer la polla de Lobo de arriba a abajo y a pisarla contra su abdomen.
-Cómo me divierte esto, por no mencionar que me pone cachondísima.
Se terminó de desabrochar la camisa y la abrió por completo para acariciarse los pezones entre gemidos.
-No mires, eh, a ver si también voy a tener que taparte los ojos, descarado. ¿Cómo, qué dices? Ah, claro, que con la boca llena no puedes hablar, ji ji ji. Ya, ya supongo que no puedes evitar mirar mis tetas porque las tienes casi enfrente -siguió diciendo Caperucita en su particular monólogo-, pero no esperarías que te lo pusiera fácil, ¿verdad? Un hombretón como tú seguro que adora los retos, ¿eh?
Sin darle tregua, sacó su pie de la boca de él, que en ese momento estaba mudo y aturdido, y se sentó sobre sus talones para agarrar con ambas manos la palpitante polla. Frotó y frotó sin piedad, hasta que él se derramó entre espasmos.
-Oh... perdiste. Pero ni tan mal, ¿eh? Ya me cobraré este orgasmo gratis que te acabo de regalar. Quizá nos volvamos a encontrar otro día, ve mejorando tus modales hasta entonces. Ahora me voy pitando a casa de mi abu, que seguro que está ligando con ese cazador tan pesado. Alguien tiene que velar por la decencia de esta comarca, ¿no te parece?
Y así se fue Caperucita, dando saltitos entre risas, dejando atado y agotado a Lobo, feliz de haber sido domado por tan adorable, a la vez que malvada, criatura.

sábado, 14 de marzo de 2020

Femdom para la cuarentena

Aquí os dejo otra tanda de escenas femdom que fui recopilando por ahí. Ya puestos, podría ser una epidemia femdom; eso sí, del estilo sano y positivo que tan poco abunda, por desgracia.  




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domingo, 16 de febrero de 2020

El sumiso mendigo


Si estuviera pendiente de todos los caminos que conducen a mi blog, estaría posteando 24 horas al día y me faltaría tiempo. Hace poco miré las palabras de búsqueda para llegar hasta aquí y me llamó la atención esto:


Ese tipo no encontró lo que buscaba, aunque hay relatos de otros temas. Como veis llegó al post de la película La princesa y el mendigo, que tampoco es el porno que iría buscando, pero tiene escenas super femdom como podréis comprobar.

Esto me ha recordado el caso de un tipo que se hacía pasar por mendigo, o mejor dicho, que afirmaba haber sido mendigo con otras Amas, arruinado por ellas, obligado a vivir en la calle y a buscar comida entre la basura, etc. Creo recordar que era checo y me escribió en inglés su mensaje de copia-pega. Decía que ganaba unos 300 € mensuales y que a pesar de no ser mucho, quería entregárselo a su futura dueña. Solo pedía disponer de un móvil para contactar con su Ama (y siendo un sin-techo lo pensaba recargar en un enchufe bajo un puente... xD).

Bien, por si alguien se ha creído media palabra de ese mensaje, ya os digo yo que lo más seguro es que el individuo estuviese usando un smartphone último modelo para enviarlo con una mano mientras con la otra ya sabéis lo que hacía por debajo del pantalón. Y es que fantasías de sumisión hay millones, y son solo eso, imaginaciones y delirios de tipos aburridos o perturbados.

Desde fuera puede parecer que se trata de querer sufrir, de que los obligan malvadas brujas a revolver entre bolsas de basura, porque ellos en realidad no quieren, pero les pasa como al checo aburrido, que se inventó que había sido criado por dos crueles señoras tras quedar huérfano y lo apalizaban cada día y tal y cual. Como sumiso seguro que es un desastre, pero como guionista de culebrones seguro que lo fichan.

Lo que quiero decir con todo esto es, por una parte, que no importa lo extrema que sea la fantasía del sumiso o “sumiso”, que no se trata de pasarlo mal sino de todo lo contrario. Claro que no es lo mismo fantasear con comer basura que acabar en el hospital por una intoxicación o directamente envenenado, pero no hay peligro insalvable cuando el calentón aprieta y están a salvo de todo entre sus cuatro paredes. Y por otra parte, por si alguien no lo ve claro, si por casualidad alguna pica el anzuelo y entra en el juego, tras un par de charlas calientes ellos obviamente harán mutis por el foro y hala, a embaucar a la siguiente.

Qué lamentable resulta escoger fantasías tan desagradables e irrealizables pudiendo escoger otras más realistas y atractivas, pero por suerte son la prueba de que esa persona jamás buscará una relación femdom real, ellos mismos se ponen la etiqueta de falsos sumisos en la frente y no le hacen perder el tiempo a ninguna mujer dominante. En cuanto a la posible realización de dicha fantasía, no veo muy viable andar por ahí de andrajos mientras recibes órdenes por el móvil de tu Ama que va algunos pasos por delante con un abrigo de pieles. No recuerdo donde leí eso, creo que sí era un relato, como no, escrito por un sumiso. O eres mendigo o eres usuario de las nuevas tecnologías, hasta para fantasear hay que tener coherencia, pero claro, el que piense que femdom es inventar paranoias, no anda muy bien de coherencia, lo cual tiene su propia coherencia después de todo :P


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domingo, 26 de enero de 2020

El Caso McNamara- Reseña




Sinopsis:
La investigación sobre la desaparición sin pistas de un ciudadano británico en tierras españolas, recae en la Inspectora de la Europol en Reino Unido, Savanah Ferguson, junto al Detective español Nicolás Wenta. El caso parece circunscribirse al mundo del BDSM, y más concretamente al exótico (por minoritario y extraño) mundo del femdom (apócope de female domination), dominación femenina en inglés. En su investigación, la Inspectora se topará sorpresivamente, además de la propia extravagancia del caso, con la reaparición de un dilema trascendental de su pasado personal, que creía, erróneamente, superado, y que no tendrá más remedio que confrontar, provocando un vuelco radical a su vida.


Os recomiendo este libro, que es un entretenido thriller conectado con el mundo femdom, como se puede suponer con solo mirar la portada. No es erótico en plan explícito aunque hay un par de momentos sutiles narrados con buen gusto. El punto original del libro es precisamente que no está en la línea de los libros puramente BDSM y se dirige al público general, lo cual me parece positivo para dar visibilidad y difusión al mundillo femdom.


Aparte de todo lo anterior, por si no basta para despertar interés, añado que algo he tenido que ver con el resultado final, pues leí el borrador de la novela en primicia y le di un par de indicaciones al autor acerca de cómo se comportaría una mujer dominante en un momento dado y también contribuí a que conociésemos algo más de dónde le viene la sumisión masculina a cierto personaje. En el agradecimiento final se comenta esto, así que aquí lo traigo:

Aunque no me disgusta la ciencia ficción, no me considero demasiado friki, razón por la que me cuesta mucho hablar o escribir sobre temas difícilmente tangibles, como empecé a considerar el de la dominación femenina, y andaba ya buscando una atmósfera distinta que diera cobijo a la trama, cuando casi por casualidad pude cerciorarme de que el femdom tenía su rinconcito real en este multiverso medio loco y absurdo, que es la sociedad humana. Sucedió al descubrir el Blog de una mujer que hablaba, me pareció desde el principio, abiertamente, sin tapujos y con absoluta honestidad, de sus tendencias dominantes y su deseo, por no decir necesidad, de mantener una relación verdadera y duradera, de dominación femenina. Más tarde, localicé por la red muchos más blogeros-as, cuyas páginas hablaban en términos parecidos, y sostenías ideas casi idénticas sobre el femdom y sus deseos, de sumisión ellos, de dominación ellas, parecidos a los de la mujer a la que me estoy refiriendo.

Existen, pues, las parejas femdom, totalmente al margen del mundo de la pornografía y de la prostitución, sí. Y según pude extraer como conclusión principal, son parejas normales, que viven su relación de común acuerdo, porque ambos miembros lo desean así. La bloguera de la que hablo, cuyo nombre “en clave” es Ama S, y el de cuyo blog http://amabuscasumisoverdadero.blogspot.com/” (y que me inspiró, he de decirlo, el personaje de la atractiva y sabia Mistress Wild), me proporcionó la información clave, precisa y valiosa, para aclararme todas las dudas que me surgieron sobre mis ideas preconcebidas al respecto, en mi búsqueda al tum tum por la red. Además de ello, tuvo la delicadeza de leer el borrador de la presente novela, aportando algunas correcciones y sugiriendo añadir ciertas escenas que echó en falta, puesto que a su parecer, había quedado un tanto mutilado el espíritu de la relación que iniciaban Savanah y Marcus, criticando que el personaje del sueco quedaba incompleto, ya que solo se centraba en una descripción física, un bello cuerpo masculino, pero huérfano de contenido psíquico o anímico en su interior. Desde aquí, mil gracias por el tiempo, gratis (quiero subrayarlo, puesto que hoy en día parece que nadie regala nada), dedicado a su lectura, y a su valiosa crítica constructiva previa a su publicación.

Pues eso, que si leéis este libro, tened en cuenta, mérito aparte del autor, quien logra un resultado más que aceptable, que la mano de Ama S. planea un poco también por sus páginas. 

domingo, 12 de enero de 2020

Qué hacer si descubres que tu marido es sumiso



Muchos me preguntan cómo convertir a la pareja en Ama, pero por parte de ellas nunca recibo la pregunta opuesta, cómo convertir al marido en sumiso, quizá porque saben de sobra que no se puede convertir a alguien en algo que no es, y si son Amas, lo más probable es que no lo oculten y se emparejen con un sumiso de entrada. Aunque también está el caso de las que tienen sumiso aparte de pareja vainilla o incluso dominante. No voy a analizar ni a juzgar ese caso así que sigo con otro posible escenario.


Imaginemos el caso de todos esos sumisos que saben que la mujer no es Ama ni lo será nunca, aunque esto último es imposible de saber si no le plantean el tema abiertamente o sutilmente. Pero vamos, esas cosas se saben o se notan, y no creo que una mujer, a estas alturas, se haga pasar por sumisa o reniegue de la dominación femenina. Si ese fuera el caso, problema resuelto y premio de lotería para el sumiso.


Vamos con el caso más habitual. Sumiso que esconde su sumisión a la pareja, con enorme secretismo hasta el punto de que sería un milagro que la mujer sospeche que tiene un sumiso en casa. Y digo marido por resumir, que lo mismo sirve para novio, rollete o lo que sea. Pues resulta que un día, por un descuido de él, ella descubre algo o todo lo que esconde el marido. Alguna notará que le robaba las bragas para ponérselas él, otras verán algo en su ordenador que indica que ve porno femdom, y en el peor de los casos, descubrirán que él va con dóminas profesionales o directamente tiene Ama en su vida paralela.


Fijaos que ella podría sospechar algo de la manera positiva, es decir, en cosas que le afecten a ella para bien. El ejemplo de ponerse bragas a ella ni le va ni le viene, aparte de que pensará que él es marica. Pero ella podría notar que él siempre le da prioridad, que le hace la vida más fácil, que hace recados sin rechistar y un largo etcétera. El que se mueva en esa línea lo tiene más fácil para salir del armario. El que simplemente quiera que la mujer sea su dominatrix gratis, los tiene más crudo. Y lo peor es que ella puede acceder si está ciegamente enamorada o si no quiere perderlo por motivos diversos como el asunto económico, el qué dirán, los hijos, el estatus o lo que sea.


A veces sí que me preguntaron cómo ser Ama del novio o de un tipo al que acaban de conocer. Lo bueno de esos casos es que ellos lo plantean al principio de la relación, y esas chicas en concreto estaban dispuestas a probar el tema y por eso me pedían consejo. Quiero decir que muchas mujeres tratan de adaptarse o de aguantarse, porque es lo que creen que deben hacer, aunque eso de dominar les suene a chino o les provoque rechazo. Si es una solución intermedia que les sirve a ambos, fantástico. Si por el contrario es una fuente de sufrimiento, mejor que se replantee si quiere seguir con ese hombre. Y eso es lo que temen muchos, que se queden sin encontrar Ama, con lo difícil que es, y encima sin pareja vainilla, que tampoco es sencillo. Lo de estar sin pareja es la tercera posibilidad que, visto lo visto, ni se plantea la mayoría, aunque me parece lo más honesto y gratificante.


Entonces, si eres una de esas mujeres que de repente descubres, o confirmas, que tu marido es sumiso de espaldas a ti, te comento lo siguiente. Lo primero que sentirás es que te traiciona, que no le pareces suficiente, que la relación no funciona, y no te falta razón al pensar así. Alguien que oculta una parte importante de su personalidad traiciona tu confianza y no aporta sinceridad plena a la relación. Si se va con otra, pagando o gratis, es una infidelidad y en mi caso sería motivo de ruptura definitiva, aunque “solo” tengan sesiones bdsm. La relación no funciona, piensas, pues así es, no funciona, del todo, puesto que haría falta femdom para que así fuera. En cuanto a que no seas suficiente, bueno, el hecho es que busca a tus espaldas algo real o fantasioso para colmar sus necesidades de sumisión, así que digamos que, a pesar de que seas una mujer estupenda, no estás por debajo de nadie, pero estás en otra liga distinta a las mujeres dominantes. 


Entonces, ¿qué puedes hacer? ¿Ponerle la maleta en la calle? ¿Enfadarte con él? ¿No darle importancia y guardarte el secreto? ¿Convertirte en su Ama, tanto si te gusta eso como si no? ¿Obligarlo a que deje de ser sumiso?...


Te digo desde ya que él no va a cambiar, así que si no te molesta que vea porno femdom mientras siga contigo, piensa que quizá justo cuando estáis en la cama él está fantaseando con esas cosas. Oye, que muchos vainillas (no-sumisos en el argot bdsm) estarán fantaseando con una modelo en ese momento. A mí me parece igual de triste, así que tú sabrás si te sirve una relación así.


Sobre lo de convertirte en su Ama, que es el consejo que seguramente estarán esperando mis lectores, solo te digo esto. Ni se te ocurra hacer tal cosa si no lo vives como algo natural que te apetece a ti. Quizá reprimas tus impulsos dominantes, si es que los tienes, porque choque con tus valores éticos acerca de la igualdad entre sexos, o porque la sociedad te vería como una maltratadora. Si buscas un poco por internet, verás que hay cosas que se suponen que son Dominación Femenina pero que realmente son cuatro locas y locos que caen en una espiral de abuso y degradación, en un binomio de psicópata narcisista y gusano sin autoestima, y lo mismo sirve para el caso amo-sumisa. El hecho de ser su (buena) Ama no es lastimarlo ni convertirte en una abusadora, de hecho puedes enfocar de manera positiva la relación y quitarle malos hábitos a la vez que tú tratas de mejorar para dar buen ejemplo. Sea como sea la manera en que lo enfoques, si es que te animas a dar el paso de probarlo, si de verdad queréis que sea femdom real, no te dejes llevar a su terreno, ni siquiera porque él tenga más experiencia que tú, al menos en la teoría. No quieras ser su amita de postal, esa fantasía onanista inalcanzable, no seas lo que él quiere porque entonces la dominada eres tú. Y si mañana le da por decir que le va el rollo swinger, le seguirás como una tonta a todo lo que te proponga, que es otro caso típico de los que meten a la mujer en el mundillo femdom, convenciéndolas de que hacerse putas delante de ellos es el no va más de la Dominación. Puaj. Así que mejor céntrate en cómo puede mejorar tu vida, y que demuestre que es tan sumiso como dice. Si es un simple pajillero que a la hora de la verdad no quiere ni sacar la basura, dile algo así como: ¿sumiso tú?, juas, déjate de historias. Muchos quieren Ama pero no la merecen, así de duro. O son simples fetichistas de ciertas prácticas sexuales apartadas de lo convencional, como ponerse bragas, lamer pies y un largo etcétera. Así que lo primero es que defina qué entiende él por sumisión, porque consiste en supeditarse a los deseos de la mujer, desde el respeto y el consenso, y ser feliz por ello.


En resumen, sin dejar de ser tú misma, explora sin presiones si eso del femdom es para ti y libremente decide lo que quieres hacer al respecto. Independientemente de cómo seas, probablemente te han inculcado un modelo de hombre de verdad, un macho alfa que el único interés que puede tener en la sumisión es convertirte a ti en su sumisa. Piensa, si es que la idea de un hombre sumiso te produce rechazo, a qué se debe; si es por el qué dirán, porque no cumple con tus expectativas sociales o porque realmente no va con tu naturaleza. Según donde busques información, sacarás la conclusión de que eso te repele o te atrae. Quizá te horroriza, con razón, apalear a un tío hasta hacerlo sangrar, pero lo de que te trate como a una reina, con razón también, seguramente te encante. Ojo, que no todo lo que brilla es oro ni todos los sumisos son tan entregados como dicen, que lo que buscan muchos es calentarse la entrepierna con fantasías alternativas. Si tienes muchas dudas, has llegado al lugar adecuado, porque en el fondo, aunque me leen más hombres que mujeres, toda la información está orientada a detectar a un auténtico sumiso en pro del bienestar femenino. Para mí un hombre sumiso de verdad es lo más parecido al mito del príncipe azul, teniendo claro que nadie tiene que rescatarme como si yo fuera una pava inútil ni darme una felicidad que solo me puedo dar yo misma. Así que ante todo infórmate bien, piensa en lo que necesitas en una relación y en lo que no estás dispuesta a aceptar y actúa en consecuencia. Habrá quien no tenga reparo en enviar al marido a una dominatrix o dejarle hacer su vida paralela y habrá quien lo meta en una FLR (female-led relationship: relación de autoridad femenina) del tirón. En cualquier caso, me parece que todos deberían dar el paso de ser honestos con quien comparten, se supone, algo más que los gastos de la hipoteca.


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