~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


viernes, 23 de diciembre de 2016

El asiento de atrás- Relato femdom



El día no estaba yendo según lo previsto, la aglomeración en el parking del centro comercial en fechas navideñas les había retenido durante media hora. Y no parecía que la cola de coches fuese a avanzar más rápidamente a corto plazo. Pero decidió sacar partido de la adversidad. No hay mal que por bien no venga, pensó. Y puso en marcha su plan improvisado. En cuanto vio aquel hueco libre resguardado entre paredes, aparcó de nuevo y se quitó la sensación de prisa. El estrés se lo pensaba curar de otra manera.
-Vamos al asiento trasero -ordenó a su acompañante.
Habían quedado un par de veces y no tenía claro si era el sumiso que andaba buscando. Pero para eso tenían que conocerse mejor, y eso incluía comprobar cómo se portaba en ese terreno carnal.
Pareció sorprendido por la orden pero obedeció sin pensarlo.
-Por supuesto, Señora, ahora mismo.
Salió del coche y se metió en el asiento de atrás. Sin embargo, ella no hizo lo mismo. Se giró y lo miró sin decir nada. Enseguida él cayó en su error. Volvió a salir y se acercó hasta ella.
-Perdón, debí abrirle la puerta, soy un maleducado, lo siento.
-Sí, sí que lo eres -dijo ella, y le dio un sonoro bofetón en cuanto salió del coche.
Él bajó la mirada y no se atrevió a moverse.
-Arrodíllate -añadió.
Cuando estuvo en posición, ella le agarró el pelo por la nuca y dio un tirón de su cabeza hacia atrás.
-A ver cómo te portas, porque no has empezado muy bien que digamos.
-Soy un estúpido, perdóneme, por favor.
-Ya veremos si te perdono después. Vamos adentro.
Esperó a que ella se acomodase y fue a sentarse. Pero hizo una pausa.
-¿Hay algo que deba hacer antes de entrar?
-Me alegra que lo preguntes. Sí, echa los asientos hacia delante todo lo que puedas.
Hizo lo que le indicó y regresó a sentarse, pidiendo permiso primero. Cuando estuvo en su sitio se quedó muy quieto, con el corazón acelerado. No sabía lo que ella tendría en mente y sentía una mezcla de ansiedad, excitación e incertidumbre difícil de controlar. Empezó a retorcerse las manos, sin saber qué hacer con ellas.
-¿Estás seguro de esto? -preguntó-. Piénsalo bien porque luego no habrá marcha atrás.
Él no deseaba otra cosa que ser suyo, así que asintió con la cabeza.
-¿Nervioso? -preguntó ella, recreándose en la sensación de poder que suponía conocer la respuesta de antemano y sabedora de que era su sola presencia la que le provocaba los nervios.
-Un poco, Señora -respondió él, sin atreverse a mirarla.
Pero eso fue justo lo que ella le ordenó en ese momento, que la mirase.
-Estoy aquí, ¿o te parece más interesante mirar la tapicería?
-Disculpe, no sabía si debía...
Le cogió la barbilla y giró su cara hasta quedar frente a su mirada.
-Pero mira que puedes ser tonto -dijo, con una sonrisa-. ¿No sabes si debes mirarme? Pero si no me has quitado la vista de encima en todo el día.
-Cierto, es usted tan guapa, Señora.
-Pues entonces déjate de gilipolleces y mírame mientras tengas el privilegio de tenerme delante.
-Gracias por el honor, Señora.
Ella soltó su cara, tras pasar una uña provocativamente por su mejilla y luego puso la mano en su cuello, apretando ligeramente.
-En este momento eres mío, ¿entendido?
-Sí, Señora -dijo él con dificultad.
-¿Quién manda aquí?
-Usted.
-¿Y quién me va a obedecer en todo?
-Este perro.
-Bien, parece que nos vamos entendiendo. Aquí dentro hace calor, con tantos coches en marcha.
Se quitó la cazadora de cuero y vio que él dirigía la mirada hacia el escote de su jersey.
-Ahora no me pides permiso para mirar, ¿eh? Serás descarado. Voy a tener que castigarte.
-Como desee.
Ella observó el creciente bulto en sus pantalones, y eso que apenas había empezado la acción.
-No hay mucho espacio, pero cabes de rodillas. Adelante.
Obedeció y observó cómo ella se quitaba el jersey. A continuación, con mirada maliciosa, desabrochó su blusa. Él tragó saliva y agradeció estar oculto de cintura hacia abajo para ella. No sabía si le molestaría notar su repentina erección.
-Pero, ¿será posible? ¿Te interesa más mi cuerpo que mis ojos? Uf, eres como todos.
Se quitó rápidamente un zapato y le metió un pie en la boca. Llevaba medias y él se recreó en aquella suavidad a la vez que cerraba los ojos ante el placer de la excitante humillación. Ella empujó el pie hasta donde podía entrar, haciendo un poco de daño.
-No te estoy dando placer inmerecido con mi pie, es para que aprendas a respetarme.
Cuando él tuvo la boca libre, respondió que no se volvería a repetir.
-Eso espero, ya bastante fastidio es estar atrapada en este lío de coches... Siéntate y quítate la camiseta.
Los cristales empezaron a empañarse. Mejor así, taparía la visión a posibles mirones.
-¿Quiere que le haga algo, Señora? Sólo tiene que pedírmelo.
-No hace falta que me lo recuerdes -dijo ella, mientras recorría con su pie el torso desnudo de su candidato a sumiso.
Llegó hasta debajo del ombligo y se detuvo. No estaban allí para que él se lo pasase bien. Podría ser el caso, pero primero venía el placer de ella. Incluso ese simple gesto fue suficiente para que él se ruborizase a causa del abultamiento creciente en su pantalón.
-Malditas estrecheces... Pero te vas a tumbar de espaldas. Dobla las rodillas o abre la puerta para sacar las piernas, tú verás.
La puerta permaneció cerrada. No era la postura más cómoda del mundo, pero cuando vio que ella se bajaba toda la ropa para sentarse en su cara, se olvidó del dolor en sus extremidades. Se quedó con la mente en blanco, sintiendo todo el peso de ella sobre su cabeza y sin poder respirar bajo aquellos prietos glúteos. No quería tener que salir de allí debajo nunca, pero una voz interna le decía que necesitaba tomar aire, aunque fuera por un segundo. Sin embargo, temía molestarla si se movía o trataba de comunicarse con sus manos. Aguantó un par de minutos más hasta que, por suerte, ella decidió separar su cuerpo.
Se quedó quieto, esperando nuevas órdenes. Ella se sentó en el poco espacio libre para quitarse del todo el pantalón y la ropa interior. Luego le ordenó que se sentase en la parte central del asiento trasero. El espacio entre los asientos delanteros le permitiría cierto margen de movimiento: flexionó el cuerpo por la cintura, extendiendo la cabeza hacia el parabrisas delantero y dejando su culo a la altura de la cara de él. Al instante siguiente estaba aplastándolo de nuevo con su tersa piel. Él dejó caer la cabeza hacia atrás, todo lo que le permitía el reposacabezas, y ella empezó a moverse. Se frotó contra su cara con todas las partes íntimas. El pantalón lo estaba matando. No pudo refrenar el impulso de bajarse la cremallera y liberar su miembro. Con otro acto reflejo se llevó la mano al palpitante pene. Ella se dio cuenta y subió los pies al asiento, a cada lado de sus piernas.
-Pon las manos en el asiento con las palmas hacia abajo y no las muevas -ordenó.
Él obedeció y entonces ella puso los pies encima de sus manos, pisándolo y evitando que pudiera usarlas para tocarse o para cualquier otra cosa. Se sintió tan controlado y humillado que la sangre se le agolpó aún más allí abajo.
Empezó a emitir sonidos guturales; no duraría mucho más sin correrse, y era lo último que le convenía en ese momento. Pero ella no se lo estaba poniendo nada fácil, cada vez cabalgaba su cara con más intensidad y rapidez. Hasta que de golpe paró.
-Quiero correrme pero en esa postura no puedo. Sal, rápido.
Él así lo hizo, semidesnudo como estaba, mirando con aprensión hacia el único sitio en el que podía verlo alguien desde los coches que pasaban a baja velocidad.
-No te quedes ahí pasmado. Arrodíllate.
Se alegró de recibir la orden, pues la puerta abierta hacía de barrera con el resto del mundo. El suelo estaba rugoso y frío, pero cuando vio que ella se sentaba en el borde del asiento y abría las piernas, no le importó nada más. Se esmeró en hacer que llegase al orgasmo con su lengua. Ella puso los pies sobre su espalda, y él se sintió aún más bajo su dominio. La mano apretando su nuca le indicaba que no parase, y así lo hizo, hasta que escuchó los gemidos que demostraban que había logrado su cometido. Él también estaba a punto de eyacular, pero sabía que no tenía permiso y se aguantó las ganas.
Después ambos recuperaron sus ropas y regresaron a los asientos delanteros. Ella parecía complacida pero permanecía en silencio, y él no se atrevía a pronunciar palabra. El atasco en el parking se estaba disolviendo, y en pocos minutos alcanzaron la calle. Dos manzanas más allá, ella detuvo el motor.
-Bueno, tú te quedas aquí -dijo.
Aquello estaba lejos de su casa, él no entendía nada. No pretendía que lo llevase hasta la puerta, pero esperaba al menos que lo acercase un poco.
-Señora, ¿está enfadada? ¿Hice algo mal?
Se giró para dedicarle una mirada directa.
-Antes te pregunté si estabas seguro de lo que íbamos a hacer.
-Y lo estaba. Y lo estoy, porque volvería a hacerlo.
-¡No me interrumpas! Sí, ya sabía que tenías mucha prisa por calentarte la bragueta. Pero cometiste un gran error.
Él no se atrevió a hablar, por si empeoraba su fallo, fuera cual fuese.
-Si. Fue un gran error. Estabas a prueba y no te puedes permitir estas cosas, porque yo no las tolero. Supongo que no tienes ni idea de a qué me refiero, tan ciego como estabas por llevarte el calentón. Y ese ha sido tu error, pensar más en ti que en mí... Dime, ¿me has visto cara de zorrita callejera para estar haciendo contorsionismo en un puto asiento trasero? ¿Acaso crees que no merezco un sitio mucho mejor y más cómodo? Soy una Reina, no una vagabunda.
-Pero Señora, usted misma quería...
-Lo que yo quería era ponerte a prueba. Y no la has superado. Ahora bájate y no me hagas perder más tiempo.
-Pero... ¿No volveremos a vernos? -preguntó el sumiso con un hilo de voz.
Ella hizo una pausa antes de responder, aumentando la angustia que sentía él por haberle fallado.
-Pídeselo a las Reinas Magas y diles que no te traigan nada más, porque el regalo de tenerme tan cerca ya te lo llevaste. Adiós y felices fiestas...

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domingo, 18 de diciembre de 2016

Música femdom

Evidentemente no existe tal cosa, jaja, por desgracia. Pero hace tiempo que no traía canciones con letra sospechosamente femdom, así que aquí van unas cuantas. Y aprovecho para recomendar que le echéis un vistazo a la etiqueta “con música” para ver las nada menos que 50 entradas anteriores que incluyen música. Algunas canciones las puse por otros motivos, pero en fin, la mayoría sí tienen mensaje interesante.

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Crowded House
Fall at your feet (Caigo a tus pies)

Estaré ahí cuando llames
Cuando caigo a tus pies
Estoy más que dispuesto a ofrecerme yo mismo


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Michael Bolton
Steel bars (Barras de acero)

He tratado de correr pero no hay escapatoria
No puedo curvarlas, no puedo romper estas
barras de acero que me rodean por todas partes
He sido tu prisionero desde el día que me encontraste
Estoy ligado a ti hasta el final de los tiempos
Siento tu manera de atraparme como cadenas
Alrededor de mi corazón permanecen

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Ángeles del infierno
Prisionero de tu amor

Eras más fuerte que mi propia voluntad
Tú tal vez sin llegar a saberlo
te apoderaste de mí

domingo, 11 de diciembre de 2016

Cinco años de blog


No siempre recalco los aniversarios del blog, pero es una cifra redonda que no quiero pasar por alto, aunque ya se haya cumplido hace tres meses. Por cierto, está siendo mi “relación” más larga y estable jajaja. En realidad esto va por vosotros, por la gente que me lee (y me entiende) y que no espera nada a cambio con sus comentarios de apoyo, como dicen las malas lenguas que opinan que yo no tengo ni idea de cómo funcionan los hombres en general y los sumisos en particular y que me dejo adular. Cree el ladrón que todos son de su condición. En fin, aparte de eso, otra de las cosas que suelen decir los falsos sumisos es que ellos son los más auténticos y que el resto son pajilleros pelotas. Y por eso estoy haciendo este post. Por los supuestos aduladores.


Es normal (lo raro sería lo contrario) que alguien que se autoengaña acerca de su maravillosa (e inxistente) sumisión, no sea capaz de creer que haya personas que no vienen a regalarme el oído sino que su visión de la Dominación Femenina coincide con la mía. Y punto. No se llevan absolutamente nada de mí, porque ese tipo de mensajes privados ni siquiera los suelo responder uno por uno. (Ya tenéis mi respuesta de agradecimiento colectivo con esto). Por no extenderme más, aquí dejo una muestra de mensajes privados y de comentarios recientes que apoyan mi labor en el blog. Y a continuación haré un breve balance acerca de mi búsqueda de sumiso, para los más cotillas :P


Con estas líneas sólo pretendo felicitarla por su blog. Lo descubrí hace pocas semanas y me he vuelto un lector habitual de sus entradas. Me han resultado especialmente interesantes la “entrevista a un sumiso” y el “autocuestionario”, así como la crítica que hace al machismo dentro del propio movimiento femdom, un contrasentido demasiado extendido, en mi humilde opinión. Por fortuna, sus escritos rompen con la mediocre chabacanería de los blog dedicados a la temática D/s.


Hace años que soy seguidor de su blog, por lo cuál antes de nada me gustaría felicitarla. Es muy difícil escribir durante tanto tiempo durante un mismo tema y seguir manteniendo el interés en el lector como el primer día. Me gusta mucho su estilo ácido, ágil y con esos toques de humor. Se hace muy ameno y siempre se aprenden cosas nuevas.

Quería decirle que me siento muy identificado con su forma de entender la Dominación y la sumisión, la cuál me atrevo a decir que comparto prácticamente al cien por cien, al menos en la esencia y en todo lo importante.
Considero muy apropiados algunos términos acuñados en su blog como por ejemplo el “Femdom positivo” que reivindica lo positivo (valga la redundancia) que puede aportar a la sociedad este tipo de relaciones cuando son planteadas desde el sentido común y la voluntad de construir y hacer crecer una relación sólida y sana basada en el Femdom como pilar principal, de mutuo acuerdo entre ambas partes. Es difícil que las cosas salgan mal cuando dos personas desean lo mismo y enfocan su objetivo de forma realista y constructiva. Después es necesario que exista esa química y esa atracción personal que al final es lo más importante de todo, pero eso ya sabemos que es necesario en cualquier tipo de relación.


Llevo ya tiempo leyendo su blog (aunque la mayoría de las veces sea silente), y ha sido una tremenda fuente de info, no de la que es fría, si no que la vivencial que es, creo yo, la que cuenta para esto.


Estaba navegando por internet buscando algo picante para leer y me encontre con este post. Al final no conseguí la satisfacción sexual que buscaba pero me lleve una satisfacción intelectual :) Me alegra que pensemos igual sobre algunos puntos

Es terrible que el esclavo se disfrace de mujer y asuma cumplir su rol como algo humillante. O sea ¿qué dice eso de la Ama a la que esta sirviendo?
Ademas uno busca fendom en internet y se encuentra con un teatro montado mas para satisfacer los fetiches del esclavo que los de la supuesta Ama. ¿en serio les divierte torturar a sus esclavos? Que para colmo parece que hubiesen sido víctimas de una lobotomía ¿en serio les gusta ir acompañada de ellos?¿ademas que tipo de esclavo sería si no pudiese mejorar la vida de mi Ama? O sea si yo tuviese una Ama preferiría que llevase algo cómodo antes que un apretado traje de cuero (como opinión personal, no interferiría en lo que quiera llevar)


Y bueno, hay más mensajes por el estilo pero como muestra creo que ya sirve. Acerca de mi búsqueda de sumiso, el balance no es del 0% pero siempre han sido falsas alarmas. Eso sí, prefiero una relación femdom que dure 3 semanas antes que una vainilla de 3 años. El caso más reciente ha sido de traca pero gracias a mis dotes detectivescas ya desenmascaro al más pintado en tiempo récord. Y eso que la cosa pintaba bien, pero siempre, en el 100% de los casos, el problema no es el grado de sumisión del sujeto sino sus características como persona. Y de sinceridad no anda muy sobrado el género masculino. Bueno, ellos se lo pierden, hay que ser tonto para fastidiarla con una mujer como yo. Sí, hoy toca inmodestia, que estamos de aniversario xD


Nos leemos ;)

lunes, 5 de diciembre de 2016

El sumiso amargado


En la entrada anterior sobre machismo en femdom hubo una cantidad de comentarios bastante elevada, y no es que participase mucha gente, pero los que lo hicieron escribieron ríos de tinta cibernética. Sabia que el tema iba a escocer pero lo curioso es que no ha sido por los motivos que yo imaginaba. Esperaba hordas de sumisos ofendidos porque los llamase machistas y resulta que hay lectores que se han ido al extremo opuesto y me han atacado por mi supuesto ultra feminismo y por mi falta de ortodoxia como Ama.


Por resumir un argumento concreto de cierto lector, hay hombres que entran al femdom para liberarse de la losa de ser hombres (oh, pobrecitos, muahahaha) y que necesitan sentirse degradados, humillados, pisoteados y verbos sinónimos para sentirse felices. Yo es que hay cosas que no sé por dónde se cogen. Es como si alguien no está a gusto en la situación que sea y en vez de tratar de mejorar se le ocurre la brillante idea de machacarse para... ¿estar mejor? ¿Ein? ¿En serio un hombre harto de fingir ser macho alfa se cura de eso vistiéndose de putita? No sé, en serio, me pierdo, a lo mejor las mujeres que sufren por el machismo deberían pintarse barba, ponerse un calcetín haciendo bulto en las bragas y un traje de chaqueta con corbata, y así serían felices por un rato. Y si enciman las insultan llamándolas “puto tío”, ya tienen varios orgasmos... ¿No?... Yo siempre recurro al ejemplo opuesto para desmontar los argumentos absurdos de ciertos individuos.


Pero la cosa no queda ahí, porque resulta que yo no soy buena Ama, según este hombre, ya que no permito que el pobre hombre de turno se convierta en mi piltrafa, y (según él, que además acaba de llegar anteayer a mi blog) quiero un hombre “de verdad” a mi lado. Pues sí, eso quiero, un hombre en condiciones, que no es ni macho alfa ni macho omega, una PERSONA honesta, valiosa, y con una serie de características afines a mí. Y claro, entonces es que yo, por esa regla de tres, ni soy Ama ni nada, que para eso, dice él, se queda en el bando vainilla. Pues que se quede. Es más, es que ahí es donde no deja de estar, porque en sus palabras no hay ni UNA frase en la línea de “quiero entregarme a una mujer, aportar algo valioso a su vida”, qué va, todo lo centra en YO, YO y YO. Como todos los falsos sumisos, claro.


Y “casualmente” el pobre no encontró nunca Ama. Qué “raro”, me “sorprende” después de decirme a mí cosas como que soy en realidad sumisa (muahahaha), que nunca tuve sumiso (y este qué coño sabe) y que yo SÉ en el fondo que ÉL tiene razón. Otro lobo disfrazado de cordero, “para variar”. Suma y sigue, ¿¿quién da más, señores??



Sumisos que no lo sois: hacednos el favor de poneros otra etiqueta para evitarnos frustraciones mutuas. ¿Qué tal algo así como “hombre harto de serlo buscando degradación” o “morboso en busca de nuevas experiencias”? Pues eso, afinad más la definición y quizá hasta os irá medio bien logrando lo que queréis.