~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

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jueves, 12 de abril de 2012

Provocación fetichista



Pillé esta foto en una página que no tiene nada que ver con nuestro tema. Allí se comentaba lo flexible que tendría que ser la dueña de esos pies. Me imagino a algún fetichista sentado varias filas más atrás, sin mirar una sola vez por la ventana para ver el paisaje. Es que algunas van provocando...

14 comentarios:

  1. Desde luego, mejor que estar viendo una cutre-pelicula,o un monton de nubes,o decir al de al lado que se ve a la gente como hormigas,donde esté ese "paisaje",que se quite el resto,donde va a parar..... :)

    Un Saludo

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    1. Seguro que entre admiradores y detractores tuvieron un viaje de lo más entretenido ;)

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  2. Hola, señora.

    Yo sólo veo unos pies bonitos con las uñas lacadas, sin más. Y aunque es un fetiche llamativo y poderoso (leí hace años a don Javier Marías una descripción muy certera de lo que debe sentir un podófilo: que el empeine de los zapatos dejen al descubierto el nacimiento de los dedos viene a ser el equivalente de mirar el escote), a un servidor no le dicen nada. Yo simplemente los hubiera mirado así por encima, quizás sentiría curiosidad pasajera por saber cómo es la dueña, si es tan descarada o desinhibida como para buscar la comodidad por encima del recato, y nada más.

    Ahora bien... si el ama de mis sueños me pide que le bese y le masajee los pies, yo me lanzo a ellos sin pensármelo dos veces... Uno de mis sueños más antiguos es ella tumbada boca arriba y yo sentado a sus pies; uno de ellos encajado contra mi sexo entre mis muslos, y el otro alzado a mi boca, donde le haría de todo durante todo el rato que quisiera, y además mirando de reojo su expresión facial y su cuerpo. Esto último lo digo porque si ella quiere vendarme los ojos para privarme de ese placer... en fin, lo aceptaría, qué remedio.

    A sus pies, milady. Y nunca mejor dicho...

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    1. Ahora que lo mencionas, puede ser eso de la laca de uñas, que la chica se las pintó y se las estaba secando ;)

      Tengo guardado un artículo de J. Marías pero no es sobre pies, a ver si lo comento un día de estos.

      Para no ser fetichista vaya fantasías podófilas te montas ;)

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    2. No creo que sean fantasías podófilas, mi señora. Es una fantasía de tantas que tengo encasilladas en mi cabeza desde hace mucho tiempo; ésta sólo está centrada en los pies precisamente porque es el tema central ;)

      A sus pies, milady.

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    3. A ver, es una fantasía y es sobre pies... de que color es un caballo blanco????

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  3. Buenos días

    Bueeeeno, aunque no me parezca la postura mas correcta y adecuada para volar )por propia seguridad), a mi, como gran fetichista, y si hubiere coincidido en el vuelo, seguro que me lo habría alegrado.


    Slds. : J.R.G.

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    1. Yo creo que es por el síndrome de la clase turista, la circulación y todo eso. O descaro y provocación a secas ;)

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  4. A sus pies Señora:

    Pues con el debido respeto, a mi me encantaría ver esa imagen. Uno se cansa de ir siempre con la cabeza agachada en el metro o en el autobús, para poder admirar unos piececitos.

    Así te los ponen a la altura ideal, jejeje

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  5. Buenas....

    Pues esta entrada me da mucho juego, jejejeje..... :D

    En primer lugar, decir que soy un graaaaaan fetichista de los pies femeninos. Desde pequeño, desde siempre.

    Y eso, que desde pequeño he sido un vuayer (me temo que no se escribe así, pero si no sé casi inglés, parece ser que el francés menos) de los pies de las chicas.

    Pie que estaba a la vista, p'lla que me iba. Vamos, que no me cortaba ni un pelo.

    Luego, con el tiempo, cuando uno ya pierde un poco de esa inocencia, pues se vuelve algo más recatado.

    A lo que iba.... que en un tren, a mí se me pone la chica de delante así, y ya puede pasar lo que sea, que es que no aparto la mirada. Hipnotizado me tendría.

    Es más... anécdota al canto: un día, volviendo por la mañana de una larga noche de copas, en verano en un lugar en la costa, me subí a un autobús. Estaba lleno, y me fuí hacia el fondo, y decidí sentarme en las escaleras de la salida de atrás. No llevaba ni un minuto cuando, al girar la cabeza hacia la derecha... que me encuentro? pues ni más ni menos que unos preciosos pies (y doy fe de que lo eran), de una chica que estaba sentada en la fila de atras. Separaba dicha fila, de las escaleras en las que me encontraba, una mampara de cristal. Sin pensármelo mucho, y dándome igual lo que pensase la gente (iban igual de perjudicados que yo) reposé la cabeza en el cristal, quedando ésta a la altura de esos fenomenales pies. No nos separaban ni diez centímetros. La chica se debió de dar cuenta, pues al rato apoyó a su vez los pies en la mampara. Es decir, que de mi cabeza (o más bien mi cara) y sus pies sólo nos separaba el grosor del cristal. Empezó a acariciar el cristal y a dar pequeños golpes, que es como si lo hiciese conmigo. Me bajé, despues de un cuarto de hora de inocente juego entre los dos, en mi parada. No pude verla la cara, puesto que casi que me empujaron para salir. Estuve 19 días y 500 noches rememorando en mi cabeza esa situación tan extraña, tan onírica y tan placentera: estar literalmente a los pies de una chica de repente y sin buscarlo.

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    1. Por lo que veo tienes para escribir un libro con las anécdotas sumisiles post-noche de copas, con la de El sumiso doméstico ya van dos...

      Pues más de uno ya se estará apuntando el truco, a ver si tienen la misma suerte ;)

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    2. Uy, Ama S, pues sí, alguna que otra anecdota sí que tengo. No muchas, pero vaya, estirándolo, podría sacar un entretenido librito... ¿querría Usted escribir el prólogo? jijiji....

      ;)

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    3. Hola.

      Jeje, gran anécdota, Jorge. Para mí habría sido también una situación muy erótica, igual que tener en el asiento de delante del autobús a la chica de la foto.

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