~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


domingo, 20 de mayo de 2018

Por qué funciona una relación femdom, y por qué no



Esta pregunta puede dar para ríos de tinta, así que voy a resumir cómo lo veo yo. Para empezar, una relación femdom es como otro tipo de relación, es decir, al menos para personas como yo que tenemos esto como nuestra única manera de relación erótico sentimental a tiempo completo, aunque imagino que si se trata de algo esporádico también tiene los problemas típicos en esos casos. En definitiva se trata de dos personas, con sus altibajos, sus problemas, su mayor o menor grado de compatibilidad, sus intereses comunes y propios, sus planes de futuro, etc. Pongo todo esto en primer lugar porque es la base, y mirando al pasado, fue el principal problema para que una relación no funcionase en mi caso. Pesa siempre mucho más el factor persona que el tema femdom. Quizá para una sesión suelta te da igual con quien sea, pero incluso ahí tiene que haber una conexión y un entendimiento, por muy frío e impersonal que sea el contacto. No somos máquinas, creo, aunque ojalá inventen pronto las Amas-robot y así más de uno cumpla sus fantasías egocéntricas sin incordiar a ninguna mujer.


Vamos a dar por sentado que la compatibilidad personal existe, pero de verdad, eh, no un espejismo pasajero, o una impresión que se saca tras unas semanas en las que uno o ambos fingen y maquillan su forma de ser con tal de que la otra parte los acepte. Es algo que lleva tiempo, por supuesto, y es otra condición para que una relación femdom funcione: no precipitarse, no creerse las palabras bonitas y las buenas intenciones de un sumiso que a lo mejor el año que viene por estas fechas te dice o demuestra lo contrario, esperar a ver si esa mujer que dice ser dominante vocacional cambia de opinión en pocos meses, etc. Así que tiempo al tiempo, y ver si las diferencias inevitables que van surgiendo se pueden limar o si son infranqueables.


Entremos ahora más en materia femdom. Para mí lo de persona y sumiso van de la mano, nunca intenté conocer a un hombre sin plantear desde el minuto uno la clase de relación que me funciona. Si sacas de la chistera tu sumisión con esa chica que te llena en los demás aspectos, es como jugar a la ruleta rusa. Ella podrá amoldarse a tus gustos como un gesto de amor, y no me parece ni bien ni mal, pero piensa que lo justo es que tú también te amoldes a los gustos de ella, y si te parece una barbaridad que le cumplas la fantasía de convertirte en mister Grey, ahí tienes la respuesta de cómo se siente alguien cuando intentan llevarle por un camino que no es el suyo.


Voy a centrarme ahora en el caso ideal en el que hay afinidad personal y compatibilidad femdom. Ojo, no es tan fácil como decir yo soy Ama y tú sumiso así que vamos al lío. El abanico femdom es amplio, y en mi opinión engloba demasiadas cosas que ni siquiera deberían estar ahí, porque es simple egoísmo masculino disfrazado de sumisión, y hay prácticas que son variantes de la sexualidad que no encajan con lo convencional y acaban también en el saco bdsm. De manera que lo habitual es que el sumiso llegue pidiendo tal y cual práctica, casi siempre dando por sentado que tú, por definirte como Ama, vas a acceder a todas y cada una de ellas. Está bien y es inevitable hablar de las prácticas, como paso imprescindible para ver la compatibilidad, pero mensajes como “hola ama tengo el ano afeitado y entrenado” (verídico en mi buzón, por cierto), no van en la línea de la compatibilidad sino del “busco esto y nada más que esto y ni me he molestado en averiguar si a ti te va eso, que es mejor molestar a todas las mujeres del planeta con el mismo mensaje de copia-pega a ver lo que pesco”.


Por cierto, si buscas un rollete femdom porque te aburres de tu vida vainilla y sigues leyendo todavía este post, tienes muchos sitios online donde buscar gente que quiera lo mismo. Ah, y a ver si los de tu grupo dejáis de usar la palabra sumiso de una puñetera vez.


Entonces, retomando la situación a la que me refiero de pareja afín con los mismos gustos femdom, la clave de por qué funciona ya casi la he dado. La compatibilidad es la base, y por supuesto tener la misma visión del futuro juntos, aunque ninguna relación viene con garantía de eterna, pero qué menos que querer caminar en la misma dirección, porque cuando cada uno quiere remar en direcciones diferentes, mal va ese barco. Pero voy más allá en el análisis de por qué funciona una relación femdom. Cuando Ama y sumiso están bien juntos, se crea entre ellos un vínculo especial. Sí, vale, lo mismo ocurre con una relación vainilla, y no pretendo decir como dicen otros por ahí que el bdsm es más intenso o incluso mejor que otras relaciones, eso me parece una estupidez. A cada uno le funciona lo que le funciona. Lo que sí ocurre es que se produce otra vuelta de tuerca al introducir el concepto de pertenencia y propiedad. “Soy tuyo”, “eres mío”, son conceptos muy fuertes, incluso políticamente incorrectos. Que conste que me parece fatal cuando alguien cree que posee a la otra persona sin permiso. Por si alguien aterriza aquí por equivocación, en femdom nadie obliga a nadie ni se plantean como relaciones tóxicas que acaban en violencia de género. A ver, que habrá de todo, pero que la base por supuesto no es esa.


Eso de la pertenencia es algo casi adictivo, que lejos de disminuir con el tiempo, te deja con ganas de más. Además, al ser algo aún minoritario, o quizá siempre lo siga siendo, es como una especie de vicio secreto compartido, algo que es difícil de conseguir y que merece la pena mantener. Matizo lo anterior, porque si le damos la vuelta a la tortilla, tenemos algunas razones de por qué no funciona una relación femdom mal planteada. Hay gente que se aferra a quien sea con tal de poder decir que tiene Ama o sumiso, precisamente porque es difícil de encontrar, y en ese sentido me encantaría que fuese algo más generalizado, para minimizar ese riesgo. De todos modos, es fácil distinguir si están contigo por interés o porque les importas como persona. Si tu sumiso o aspirante a serlo solo te busca cada tres semanas para acabar atado en la cama, no te hace falta bola de cristal para saber que fuera de eso puede estar perfectamente sin ti en su vida.


Otro motivo por el que una relación femdom funciona, es porque el sumiso no puede seguir el esquema típico del macho en fase de cortejo, es decir, no puede esforzarse al principio y luego dormirse en los laureles, y si lo hace ya sabe a lo que se expone. En una relación femdom él no sabe bien lo que pasará, tiene que esperar a que ella de el paso, a que marque el ritmo. Los hombres se comportan habitualmente como cazadores, y pierden el interés cuando la presa (nosotras) cae en sus garras. Pero en femdom ellos no tienen nada seguro, deben seguir alerta y ganarse su lugar una y otra vez, y eso, lejos de desgastar la relación, la fortalece, porque supone un reto para ellos, y cobardes aparte, a los hombres les gustan los retos. Además significa no caer en la monotonía, que es algo importante también, porque hay relaciones que mueren por desgaste y desencuentros, y otras por simple aburrimiento.
El tease and denial, para quien no lo sepa, consiste en provocar para dejar con las ganas. No es que sea una frustración constante ni una negación perpetua del orgasmo, se trata de jugar con la excitación, que se mantiene en vilo a elección del Ama. Y esto no es algo hecho para todo el mundo, claro, pero funciona para el que le gusta porque, por hacer una analogía, si tuviésemos siempre vacaciones no las podríamos saborear igual que tras un duro esfuerzo.

Por terminar el post, que me salió largo a pesar de que iba a resumir jaja, voy a comentar, rápido ahora sí, por qué no funcionan algunas relaciones femdom, falta de afinidad aparte. Los errores frecuentes en una relación femdom fallida son: que el sumiso sea falso, es decir, que mienta con tal de llevarse lo que quiere; que viva en una nube fantasiosa desde la que busca una relación idealizada que no existe y por tanto se estrellará contra la dura realidad a la primera de cambio; que lo compare todo con lo que ve en el porno o con otras relaciones; y que quieran ser el super sumiso del universo pero que a nivel persona no puedan ni con su vida.

viernes, 11 de mayo de 2018

Mis no-sesiones con iskandar


No suelo dar detalles íntimos de mi vida femdom en este blog, y es algo que me diferencia de otros blogs de contenido adulto. No me va el exhibicionismo, real o virtual, y en realidad me parece positivo que haya mujeres como yo, que no necesitamos ir de diosas del porno o algo así, para gritar al mundo que somos dominantes, y que no lo somos menos por no tener cuadras de esclavos o por no enseñar carne. Así que espero ser esa especie de portavoz del grupo de Amas que viven el femdom de manera natural y sin necesidad de grandes parafernalias.


Una forma de explicar lo anterior es contar cómo son mis encuentros sexuales con iskandar. Puede parecer una contradicción con lo del no exhibicionismo, jaja, pero todo esto es para dejar claro que no practico sesiones femdom con él, sino que es algo más amplio que eso, y casi opuesto, como voy a comentar. Como inciso, tengo que decir que me parece respetable que la gente haga sesiones o practique el submarinismo, pero a mí me parece frío e impersonal quedar con un desconocido para echar un rato femdom. Y si se trata de una pareja, también me choca que haya momentos de, digamos, paréntesis, en los cuales son Ama y sumiso, cuando el resto del tiempo son una pareja “normal”.


Sin más preámbulo, voy a contar nuestro más reciente encuentro femdom-sexual. Para mí es una redundancia esto que acabo de escribir, porque el sexo en mi caso es siempre femdom, pero bueno, especifico por si algún despistado acaba de llegar al blog. Y no me va el sexo casual, no podría acostarme con alguien que solo se interesa por mí en ese terreno y que deja a un lado a la persona que soy más allá de eso. Pues bien, ese día en concreto hicimos una pequeña escapada de la rutina y nos aislamos del mundo exterior durante muchas horas. Estuvimos comiendo en uno de nuestros sitios favoritos, como solemos hacer otras veces, con o sin paseo. En esta ocasión no hubo paseo porque queríamos aprovechar al máximo otro lugar especial al que volvemos cada vez que podemos, un sitio muy tranquilo donde se puede disfrutar de una cama king size y, tachán, un jacuzzi tamaño doble. Qué mejor forma de empezar a planear travesuras que relajada entre burbujas. Pero antes hay que llenar el jacuzzi, con lo cual esperamos en la cama, y donde aprovechamos el tiempo también, claro. Tanto en ese momento como cuando estamos en cualquier otro sitio, podemos parecer una pareja vainilla, pero hay detalles que nos “delatan”. Yo escojo primero el menú, el me habla de usted siempre, yo decido si habrá besos y abrazos en la cama o si voy directa a atarlo al cabecero, etc. Pero suelo empezar por los besos y abrazos, como si en vez del aftercare le hiciera el pre-care, jaja, para prepararlo para la caña posterior, juas. No, a ver, ya digo que no hacemos sesiones, simplemente nos besamos porque somos pareja. Y, algo muy importante, yo necesito sentir una conexión emocional antes de hacer cualquier cosa femdom, y aunque se da por sentado que eso es así con una pareja, necesito igualmente ese recordatorio antes de entrar en faena. De manera que no se trata de vainillismo, aunque ya las etiquetas importan poco en ese momento, somos dos personas que se quieren y se desean y lo que pasará después será femdom porque somos Ama y sumiso, así de simple.


Pero íbamos por el llenado del jacuzzi, jaja. Para cuando se ha llenado ya estamos sin ropa, así que al agua que nos vamos. Disfrutamos de estar tranquilos, relajados, y no pasa mucho tiempo hasta que nos acercamos y vuelven los abrazos y demás. Un jacuzzi grande da muchas posibilidades, así que puedo meterle un pie en la boca sin problema, por poner un ejemplo. Iskandar a esas alturas está super excitado, y para su sorpresa, y sin premeditacion por mi parte, ocurre algo que no había pasado hasta el momento entre nosotros, después de más de un año y varios meses de relación: le hago una felación. Una vez más tengo que matizar. El sexo oral no es exclusivo de vainillas ni de extraterrestres, pero en femdom tiene otro significado añadido. Cuando le hago un facesitting o me come el coño, por decirlo claro, yo tengo una posición dominante, es como si lo forzase, aunque él lo haga encantado, pero le encanta aún más el hecho de sentir que abuso de él. Pues bien, lo de la felación empezó con una de mis bromas: ahora podría darte un mordisco en esta posición. Y dicho y hecho. Luego le hice una especie de tortura genital con la lengua en el glande y le rocé con los dientes. No entiendo a las mujeres dominantes que no tienen contacto sexual con su sumiso, y tampoco entiendo esos vídeos porno en los que ella azota o lo que sea al sumiso y al final siempre acaba comiéndole el pirulí. Tal como lo veo y lo vivo yo, su cuerpo está para mi disfrute, y además es una forma más de hacer tease and denial. Y en definitiva, me apeteció y punto, que de eso se trata. Tengo que aclarar que a mí en concreto no me excita demasiado el hecho de lamer un pene, no sé por qué, pero es así. Si me excitase, lo haría más a menudo, y me da igual lo que diga el manual del Ama de bdsm. Sin embargo, al pensar que está en mis manos, que soy la dueña de ese pene en ese momento, que él no sabrá si voy a acariciarlo o a darle un pellizco, todo eso es lo que me pone. El poder y el control, y que él obedezca y se entregue, en resumen es eso lo que me excita. Pero ya digo, la felación es algo inusual para mí y cuando cambié de postura le di un bofetón y le dije, ¿no me vas a dar las gracias? Me las dio, por supuesto.


Nos podemos pasar varias horas en el agua, pero cuando ya los dedos parecen uvas pasas nos volvemos a la cama, donde estaremos varias horas más, parando solo para tomar algo. A mí (a nosotros) nos encanta el facesitting, así que es lo que ocurre con más frecuencia en nuestros encuentros íntimos. También nos encanta (hacerlo a mí y recibirlo a él, claro) el bondage, aunque no en plan muy elaborado de perder media hora para hacer un nudo. Como dije, no nos van las parafernalias. A ver, tengo modelitos sexy y a él le encanta el cuero, porque tampoco es que esté reñido ni que tengamos que renunciar a todo eso, pero no son imprescindibles para meternos en la dinámica femdom, esa es la diferencia con una sesión bdsm. Casi siempre le acabo atando las manos, pero ojo, no está todo el rato así porque entonces no podría disfrutar de sus caricias. A veces lo ato con un lazo, o un pañuelo, o lo que me pille a mano, pero nuestras muñequeras favoritas son estas:


Son una maravilla, porque el interior es acolchado y tienen una pinta estupenda, mucho mejor que unas esposas recubiertas de peluche. Se ajustan a la perfección con las hebillas, y tienen esos aros que sirven para enganchar esa cadenita que trae, que sirve para unirlas entre sí y también unirlas por ejemplo al cabecero. Incluso sirven como collar uniéndolas alrededor del cuello. Así que le até las manos al cabecero también esta vez, y estrenamos un antifaz, con lo que quedó, aun más, a mi merced. Cuando me cansé de abusar de él de esa manera, volvimos al jacuzzi otro rato para rematar el relax del día.


Y todo lo anterior, que en mi caso es lo más natural y normal del mundo, apenas lo he visto en ningún rincón de internet, si acaso en el blog de alguna mujer que busca algo parecido y no lo encuentra. No es fácil de encontrar, por supuesto, pero sirva este testimonio para dejar constancia de que no hay nada imposible en esta vida, por complicado que pueda ser. Y espero que se haya entendido más o menos lo que quiero decir con lo de nuestras no-sesiones, porque al dejar atrás el jacuzzi volvimos al coche y seguimos siendo una pareja al tiempo que no dejamos de ser Ama y sumiso.

domingo, 6 de mayo de 2018

El matriarcado de las Mosuo


No voy a extenderme en dar una lección de antropología, quien quiera que amplíe información. Resumidamente, los Mosuo son una tribu en la que se organizan de manera matriarcal. La línea de descendencia va por la parte materna, lo cual es muy lógico ya que lo único seguro al 100% es la madre de una persona, sobre todo cuando no existían las pruebas de paternidad. Aparte de eso, ellas son las que eligen “marido”, que básicamente es un inseminador, porque los hijos los crían las mujeres del clan y los hermanos de la madre de la criatura.

Lo más llamativo desde el punto de vista femdom es que ellas pueden invitar a todos los hombres que quieran a su alcoba, para “probarlos” y ellos tienen que irse antes de que amanezca. Como ya digo, es un tema curioso y hay más información por ahí, por ejemplo en este enlace:
En esta escena de la serie que traje por aquí de la policía que persigue a un asesino en serie (La caza), aparece el tema Mosuo y al chico le parece una idea genial. Claro, puede interpretarse como sexo libre sin ataduras, pero si lo enmarcamos en un matriarcado, y añadimos el matiz de ella manda y él obedece, ya no le iba a gustar tanto a más de uno. Estaría bien que en esas alcobas no hubiera nada más que femdom jiji.

martes, 24 de abril de 2018

Sexo y poder


Cuando vi cierta escena de la película Gorrión Rojo, recordé la frase de Oscar Wilde: todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo, que trata sobre el poder. Yo estoy bastante de acuerdo, no tanto en la primera parte, aunque creo que se refería a que el sexo está detrás de muchas cosas aunque no lo parezca. Sobre lo de que el sexo va sobre poder, parece que es así incluso sin D/s de por medio. Conceptos como entregarse, rendirse, combate carnal, erótica del poder, etc., van en esa línea. Y ya si hablamos de Dominación y sumisión no hace falta que aclare nada más.


La escena es interesante por esto mismo. Por poneros en antecedentes, él intentó abusar de ella en las duchas y como están en una academia para convertirse en espías sexuales, hacen esa especie de ejercicios en público. Cuando ella se enfrenta a él no cede a lo que le pide, sino que le da la vuelta a la situación y le dice, venga, aquí me tienes, te acepto libremente. Y entonces él se desinfla, literalmente, y no puede hacer nada, porque como bien dice ella, no buscaba sexo sino sentirse poderoso al obligarla. En ese momento queda claro quién manda de los dos, y ya solo por eso me alegré de ver la película jiji. 

Traigo un par de escenas más que también son interesantes desde el punto de vista femdom. La de las parafilias que les enseñan en unas pantallas no me queda claro si era para enseñarles lo raritos que pueden ser algunos en sus gustos sexuales, o si era una forma de naturalizar el asunto, aunque me inclino más hacia la primera opción ya que es la línea habitual en cualquier película que incluya estos asuntos.

sábado, 14 de abril de 2018

Dependencia o supeditación en femdom


Me considero una persona muy autónoma, siempre me gusta ir a mi aire, odio depender de nadie, mi ideal en la vida es ser lo más auto suficiente que pueda, y son características bastante “dominantes”, aunque los sumisos también pueden tenerlas, por supuesto. Claro que habría que matizar, porque un sumiso puede ser todo eso en su vida normal, pero respecto a su Ama preferirá que ella le marque los tiempos antes que ir por libre, por poner un ejemplo.

Pues bien, a pesar de todas esas características mías, ocurre que dentro de un contexto femdom me encanta sentir que la otra persona va a ser “mi proveedor”. Con esto no quiero decir que me de un sueldo mensual, o que me compre una casa, un coche o lo que sea. Me refiero a asuntos más inmateriales. Quiero decir que podría acostumbrarme perfectamente a la comodidad de delegar mil asuntos en sus manos, desde simples recados hasta gestiones más complejas. Podría vivir en plan Cleopatra, chasqueando los dedos y logrando cualquier cosa con solo pedirlo. Tampoco se pueden conseguir milagros, claro, pero ya me entendéis: todo lo que conlleva la vida cotidiana podría pasar por manos de mi sumiso. Seríamos reina y vasallo, o jefa y empleado, sin darle un sueldo a él jijiji.

Sin embargo, a diferencia de lo que cuentan algunas por ahí, que dicen vivir sin hacer nada aparte de maquillarse, comprarse zapatos, darse masajes, irse de fiesta, y en resumen vivir una especie de vacaciones perpetuas, como digo, a diferencia de ellas, yo no podría vivir así. No estoy acostumbrada a tumbarme sin hacer nada, de hecho me cuesta parar aunque sea de planear en mi mente nuevas actividades, y aunque me sobrase el dinero no dejaría de trabajar (en lo que me gusta y me aporta mucho más que un sueldo). Es decir, podría dejarme arrastrar hacia la pereza total y dejar que él lo hiciera todo por mí, pero me conozco y sé que eso no me vale. Me acabaría sintiendo una inútil, con una vida vacía, como una muñeca, que más o menos es lo que quieren algunos que sea su Ama: una especie de estatua viviente que nunca se despeina, que está siempre en su trono de hielo, distante, imperturbable, sin pisar la tierra y ocuparse de la vida real. Pues no, no soy así, y nunca lo fui ni siquiera en un rato de sesión jugando a ser perfecta e inalcanzable. Si a ellos se les desinflaba el pirulí por eso, mejor para mí, así me quitaba a los sumisos de fantasía onanista de enmedio.

Por eso, para no sentirme una inútil o una reina atrapada en su palacio de cristal, y sobre todo para no acabar dependiendo por completo del sumiso hasta para abrocharme los zapatos (que serían de taconazo y diamantes incrustados, juasss), yo me planteo la Dominación Femenina como algo que me aporta, que mejora mi vida, pero que NO sustituye propiamente mi capacidad de vivir normalmente.

Este asunto se puede enfocar también desde el otro punto de vista, el del sumiso. Me horrorizaría tener a mis pies un pelele inútil que dependiese de mí hasta para ponerle un cuenco de comida en el suelo. Las fantasías de los sumisos ya sabemos que pueden ser estratosféricas, pero cuando un hombre pretende dejar en manos de su Ama hasta el color de su dentífrico, eso ya no es someterse, eso es caer en un descenso al infierno de la dependencia absoluta y malsana.

Nadie debe perder de vista su propia esencia individual, por varias razones. Por ejemplo, todos esos que quieren ser esclavos 24/7 que renuncian a su propia vida, cuando eso se acaba (y puede ocurrir, por muy entregados que sean, ya que ellos no pueden prohibirle a su dueña que los eche), tienen que partir de cero, quizá desde la pobreza total y tras romper con toda amistad o familia porque ella lo exigió así, y a no ser que sean acogidos por otra ama esclavista extrema de esas, a ver qué hace con su triste vida aparte de colgarse de un pino.

Pero aparte de cuestiones de sentido común, yo prefiero una relación femdom en la que hay dos partes completamente autónomas que deciden ceder parte de su libertad (el sumiso) y aceptar una colaboración en su vida (el Ama).
Esto mismo lo comentaba en cierta ocasión con iskandar en uno de nuestros chateos sobre lo divino y lo humano:


Solo de esa manera cuerda y equilibrada que comento, tienen sentido para mí esos “Sí, Señora” que tanto me gusta escuchar. No dicho en modo robot, o por obligación, o por protocolo, sino porque implica una decisión, un acto voluntario de algo que solo se le regala a esa persona única que es tu Ama.

sábado, 31 de marzo de 2018

La hombría del sumiso



La supuesta poca hombría del sumiso es uno de los temas estrella, por desgracia, entre ciertos sectores femdom. ¿Acaso un sumiso es menos hombre que un vainilla o dominante? Toda esa pandilla piensa justo eso, es más, basan todo el asunto de la Dominación Femenina en ello. Están convencidos y convencidas de que el sumiso es poco hombre. El tema de la feminización es un buen ejemplo. Estamos hablando de Dominación Femenina y resulta que tenemos a un hombre disfrazado de mujer... “Genial”, y absurdo a más no poder. Porque “feminizar”, si es que eso fuera posible, no consiste en ponerle ropa de mujer a un hombre o mandarle a hacer pis sentado. Si quieren travestirse o hacerse transexuales, adelante, tienen todo mi apoyo, pero no entiendo qué pinta un hombre disfrazado dentro del par mujer dominante y hombre sumiso. Las que lo hacen por humillarlo, caen en el contrasentido de sentirse superiores por ser mujer y al mismo tiempo “degradar” al sumiso porque tenga apariencia de mujer grotesca. Otras lo hacen por el motivo contrario, es decir, por elevarlos de su condición masculina y convertirlos en una mujer guapa. Pero se repite el contrasentido, porque ahí no tenemos femdom sino en todo caso lezdom, que tendría sentido si el Ama es lesbiana o bisexual, pero si es heterosexual no le veo el morbo por ninguna parte. Soy heterosexual, me ponen los hombres, ¿por qué narices iba a considerar poco hombre por el hecho de ser sumiso??? Sería como pensar que yo soy menos mujer por gustarme el femdom. Menuda estupidez.

En supuestas relaciones femdom te das cuenta de que no manda ella, sino él, como si el macho tuviera que mandar siempre. Ya no hablo solo de los que mandan desde abajo, sino de los que solo obedecen cuando dejan de ser hombres poniéndose bragas y chupando penes de goma o de verdad, o cuando ella necesita un arnés para sentirse poderosa como si su vagina no pudiera darle poder. También mandan ellos cuando convencen a su mujer de que serán Amas por acostarse con otros delante de ellos, dándole poder al corneador. ¿Se entiende lo que quiero decir? En todos esos casos manda el elemento masculino de la relación, por mucho que quieran disfrazarlo de femdom.

Otra práctica habitual en los casos de poca hombría del sumiso es ridiculizarlo por tener el pene pequeño. Una vez más, se trata de meter en la coctelera femdom cualquier cosa que se aparte de lo convencional. Y de nuevo tenemos un gran sinsentido: una mujer que “domina” a un hombre burlándose de su poca virilidad es como si yo me burlo de un gato porque no sea un perro. Vamos, que nada tiene que ver con nada. Y en este caso se vuelve a poner el protagonismo en el pene, continuando con la tradición machista de considerar el no va más del poder sexual al falo. Es triste que una mujer tenga que recurrir al pene para dominar, como si no tuviese armas propias. Es lo que ocurre también cuando se usa un CB combinado con el arnés como la base única y principal de la Dominación Femenina, en una especie de castración virtual del sumiso, que se convierte así en “putita”, como ejemplo lamentable de machismo dentro del femdom. Esto lo defienden sus practicantes como inversión de roles, pero... ¿acaso un Amo y una sumisa se disfrazan del otro sexo a la hora de dominar y someterse? Me parece preocupante, la verdad.

Y ya en el colmo de la sinrazón, parece que el hecho de que un sumiso chupe pollas de machos alfa es lo máximo que puede hacer para “entregarse”. Yo no podría sentirme poderosa si obligase a mi sumiso a hacer eso, ya que ahí estaríamos tres personas y la más poderosa sería la que tiene el falo, que lógicamente no soy yo. Se podrá argumentar a favor de esa “sumisión” que el sumiso hace lo que sea porque su Ama se lo ordena, lo cual es una verdad a medias, por varios motivos. Uno de ellos es que la mayoría de los que aceptan hacer felaciones están encantados con eso, así que no lo hacen de manera forzada. Aparte de esto, en el mundo bdsm hay mayoría de la combinación Amo-sumisa frente a la de Ama-sumiso, y cuando una mujer se introduce en el mundillo femdom no es extraño que algún Amo le haga de mentor, y le inculque que lo más de lo más del poder está en el falo, lo cual es hasta lógico que lo diga un hombre porque por supuesto no conoce otro tipo de poder desde su perspectiva. Pero vaya, que de entre todas las cosas que puedes obligar a hacer a tu sumiso escojas justo esa... da que pensar, la verdad.

Despojar de su hombría al sumiso es como si yo tuviera que ponerme barba postiza y usar calzoncillos para sentirme poderosa. Unido a este tema y enlazando con la que está cayendo con la revolución y la contra revolución feminista, no parece que el machismo esté muerto y enterrado, porque donde quieras que mires, el sexo sigue siendo falocentrista, y según eso, tener polla te hace poderoso y tener vagina u otro agujero donde meterla, te hace débil y pasiv@.



Recuerdo el caso de una lectora que sufrió mucho por culpa de un simple fetichista que se hacía pasar por sumiso, que quería que lo obligase a ponerse bragas, como si él solito no estuviera deseándolo. Si le excitaba, no tenía por qué inventarse que era sumiso ni hacer daño a una mujer que estaba dispuesta a cumplirle su fantasía a cambio, tan solo, de que él se portase como una persona en condiciones, porque ella ni siquiera se consideraba dominante y llegó hasta mi blog buscando cómo complacerlo a él. Cuando un hombre simplifica la visión del género femenino centrándose en el aspecto externo, parece que cree que si fuera mujer su vida sería tan fácil como elegir trapito cada día, pero nuestra vida es mucho más complicada que eso, y si quieres ponerte en nuestra piel tendrás que hacerte un trasplante de cerebro y cargar con la parte menos agradable como tener la regla o sufrir acoso, como mínimo visual, por parte de cualquier baboso. Si les gusta lamer genitales masculinos y vestirse de putitas, suelen buscar parejas o amos, pero normalmente ellos prefieren a las mujeres-mujeres, y en cuanto a los amos gays, tampoco quieren estar con un disfraz de mujer. Por eso, el último recurso que tienen es que una mujer los “obligue” a estar con un hombre, algo que están deseando pero para lo que, a falta de valor, tienen que dar el rodeo que comento.

Yo entiendo la inversión de roles de otra manera, como una forma de que dejemos a un lado la etiqueta que nos marca la sociedad: femenino=débil, masculino=fuerte. Opino que puedes mostrar tu vulnerabilidad, y llorar, y dejar de ser ese hombre de hierro que debe poder con todo tan solo porque naciste con pene; puedes adoptar un papel pasivo en la relación sin que tengas que ponerte a cuatro patas y esperar que te tapen el ojete, como también puede ocurrir a la inversa, que te guste recibir sexo anal sin ser gay o ponerte la etiqueta de sumiso. Pero meterte en femdom y ponerte peluca no resolverá tus problemas. “Amariconarte”, sin que para colmo te atraigan los hombres, no es la solución.

Viendo ciertas cosas por ahí, ya no se trata solo de sexualidad o de formas no convencionales de relación, es que cuando hay detrás una serie de conflictos psicológicos, el sexo es lo de menos. Repito, el hombre fuerte y la mujer débil es la gran mentira que se transmite de generación en generación y que contamina incluso al femdom. Si eres dominante, debes tener unas características “masculinas”, polla de goma incluida, y serás la mujer todopoderosa a la que se rinde un sumiso enclenque de espíritu que no está a la altura del macho-man que esperan de él. Mi visión, por el contrario, es que un sumiso sin traumas de esa clase, es un hombre más valiente que la media, porque sabe nadar contra corriente, porque se auto-acepta, porque obviamente no ve nada negativo en estar supeditado a una mujer, en acatar sus decisiones, en anteponer sus deseos, etc. Nada de lo anterior es negativo, siempre que ella tenga la cabeza en su sitio y mire por el bienestar de él, disfrutando ambos de la situación.

Se da por sentado que los hombres son fuertes y valientes, sobre todo en cuanto a competencia entre ellos, y básicamente en el terreno físico. Sin embargo, en cuanto a tener la valentía de mirar hacia dentro, de reconocer sus debilidades, de aceptarse cómo son... en eso fallan, y es hasta lógico porque los han criado con esas ideas, pero es como estar partido por la mitad, es tener que ser duro ahí afuera y sensible a solas cuando nadie los ve. Es tragarse las lágrimas en público o incluso ser incapaz de llorar a solas. Y todo eso desgasta, y para un sumiso que vomita viendo 50 sombras es complicado no estar a la altura de ese estereotipo, pero si realmente queréis lograr el equilibrio entre masculino y femenino, sin miedo a que os llamen gays (como si fuera algo grave, que esa es otra), la solución no es ponerse bragas. ¿Te excita ponértelas? Póntelas, no hay problema, el problema es que no nos haces ningún favor a las mujeres cuando escoges ser “una de nosotras” durante un rato porque no puedes con la losa de tu masculinidad. Queremos hombres más equilibrados, más cercanos a nuestra sensibilidad, no porque seamos sensibleras sino porque somos valientes al expresar lo que sentimos. Nadie nos ha refrenado en ese sentido, también es cierto, pero decir cosas como “llorar es de nenazas” tampoco nos deja en buen lugar.

No eres un hombre de verdad cuando les ríes los chistes machistas a tus colegas, cuando no te atreves a contarles tus problemas por miedo a que te llamen débil mientras ellos fingen no tener problemas ni sentirse vulnerables (lo cual es falso). Me parece lamentable que algunos usen el femdom para volcar todos los asuntos de una masculinidad mal resuelta. Parece que solo hay dos opciones posibles, o se ponen bragas o se tragan los problemas como si no fueran tan humanos como nosotras. Lo de ser un hombre de verdad, según lo entienden por ahí, va en la línea de ser un tipo duro, insensible, castigador, etc., pero yo opino que no debería existir la distinción entre hombre de verdad y el resto, o entre mujeres de verdad y el resto; creo que la clave es ser una persona de verdad, o sea, que todas y todos seamos íntegros, honestos, consecuentes, que escojamos la opción más justa entre todas las posibles más allá de que sea lo fácil o cómodo a corto plazo, que sepamos reconocer que hay un conflicto y buscar ayuda, y toda esa serie de cosas. Habrá quien crea que me estoy desviando del eje del blog, pero no, porque la base de un sumiso o de un Ama es una persona, y si no tienes unos valores como persona, no los tendrás en tu faceta sexual tampoco.


Opino que el machismo afecta para mal también a los hombres, los encorseta en un papel, les pone una mordaza, les impide llorar o expresar sus miedos, y por eso el suicidio es una de las principales causas de muerte entre hombres jóvenes, accidentes y enfermedades incurables aparte. De eso no se habla, es mejor vender perfumes como Invictus con ese mensaje descarado de “sé un tío duro e invencible y tendrás diez mujeres cada día en tu cama.” No hablar de sentimientos y presumir de ligues, ese es el guión que la sociedad espera. Y hablo en presente porque por desgracia sigue vigente. Véase por ejemplo la alarmante “moda” de las violaciones en grupo como triste muestra de lo que la masculinidad significa para algunos energúmenos, y algo por lo que se acaba etiquetando a otros injustamente. Pero sin irme a esos extremos tan horribles, quiero trasmitir un mensaje: inteligencia emocional, eso es lo que necesitamos mejorar, mujeres y hombres, en vez de llamarlo cosas de nenas. Y basta ya de estupideces acerca de hombría de verdad y hombría de cartón-piedra.

La redefinición de la masculinidad afecta a cualquier hombre, pero centrándonos en los sumisos, tienen un doble problema, porque al tema de la masculinidad rancia se añade el hecho de lo mal visto que está un hombre no alfa dentro de una relación. Yo espero que eso vaya cambiando, y por suerte hay cada vez más sumisos que se reconocen como tales desde edades tempranas. Y, como resumen final, para mí un buen sumiso es aquel que no reniega de su género ni entiende la sumisión como su fantasía de ser una putita disfrazada de mujer irreal. Según mis parámetros, lo de ser sumiso consiste en no querer estar por encima de mí en la relación, ni encima tampoco jeje, a no ser que yo se lo pida, y convertirse en un juguete sexual en mis manos, pero no para prestarlo a mujeres y mucho menos a hombres, ni para dejar de usar una de sus piezas ni para usar únicamente esa.