~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


sábado, 17 de febrero de 2018

Invítame a un café



Siguiendo con el tema de la entrada anterior acerca del dinero en femdom, el otro día encontré de casualidad algo que me hizo mucha gracia. Es una web en la que pueden pagarte un café virtual. Por supuesto no te llevan un café de verdad con un mensajero a tu casa; es algo simbólico, una forma de donación, de ayuda o de lo que cada cual quiera usar de la manera que sea. Entonces me vino a la memoria cada vez que un sumiso me llegó en un primer mensaje proponiendo un “inocente” café, en una línea absolutamente vainilla de “quedar por las buenas”, tomando ellos la iniciativa y, por tanto, perdiendo en el acto casi cualquier oportunidad de llegar a conocerme de verdad alguna vez. Traigo un par de ejemplos pero hubo muchos más, y claro, pensé, pobres... se quedaron con las ganas de pagarme ese café, así que aquí tienen ahora la oportunidad.


Obviamente hablo medio en broma, porque no espero que nadie vaya a soltar un céntimo por haberse quedado fuera de mi criba, sin embargo, me consta que tengo lectores fieles que quizá quieran demostrarme su apoyo de alguna manera, como este otro caso:


Para casos así, ahí queda la opción de que puedan agradecerme mi labor en el blog, y por supuesto no es la única manera. Para mí la principal forma de agradecimiento es la difusión de lo que escribo aquí, y aprovecho para agradeceros yo a vosotros todos esos links que vais dejando en otros sitios, en los reblogueos y likes en twitter, facebook, tumblr, youtube, etc. Y si crees que puedes contribuir de otra manera en todo esto, escucho tu sugerencia. Hace tiempo lancé la iniciativa de traducir el resto de mis libros al inglés, ya que por ahora solo está el primer volumen de relatos, dividido en dos partes, y en una ocasión me preguntó un chico italiano por youtube para cuándo tendría mis libros en su idioma. Así que si alguien bilingüe o con el nivel suficiente, en cualquier idioma, se anima a traducir, sería otra forma de colaboración útil.



Lo mismo digo para el caso de las camisetas femdom, ya que me gustaría ampliar los diseños pero es que el día solo tiene 24 horas. Si se te da bien dibujar, ya sabes, ahí tienes el formulario de contacto. Aclaro que esto de las camisetas es algo medio utópico, porque poca gente se atreve a llevarlas en público, aunque tengo diseños más discretos como este, pero lo veo más para regalo, como algo que no es el típico regalo de parafernalia bedesemera, o simplemente para estar a solas con tu pareja (Ama o sumiso), y en esa web, Redbubble, el diseño no solo se usa para camisetas, sino que hay más objetos como tazas, tarjetas de felicitación, etc. La idea no es forrarme con estas cosas, algo imposible por el margen de beneficio que dan, sino ir dejando enlaces al blog en todos los sitios posibles y lograr que alguna vez seamos mayoría los que vemos la Dominación Femenina como algo de lo que sentirse orgulloso.

domingo, 11 de febrero de 2018

Femdom y dinero


Ya comenté en el sumiso financiero lo que opino acerca de que una relación femdom se base en el dinero. El resumen es que el sumiso en estos casos intenta comprar al Ama, como si pagase por un servicio. Es el caso opuesto a la dominación financiera, aunque parezcan temas complementarios. La diferencia es que en cada caso la idea de introducir el dinero nace de una u otra parte. Pero por lo general, es algo que consiste en dar/recibir dinero y oye, si se quedase en eso podría considerarse entrega y fetichismo cuando no se espera nada a cambio, pero cuando ya entra en juego hacer sesiones por cam o lo que sea, eso está más cerca de pagar por un servicio como digo.

En esos casos no se suele establecer una relación a todos los niveles entre Ama y sumiso, de hecho suelen estar en ciudades distintas, y algunos, en su desesperación o desconocimiento, pretenden ser algo especial para esa mujer a la que le faltan horas en el día para atender a las decenas de sumisos que reclaman su atención porque para eso han pagado... Así que aunque se critique a las amas de tributo, entre las que habrá de todo, no hay que olvidar que también hay sumisos que intentan comprar Amas a golpe de cheque. Si todos están de acuerdo, adelante, pero como digo siempre, eso tiene poco de Dominación Femenina, ya que el que paga quiere mandar. A mí me llegaron a contactar decenas de sumisos pagafantas, como se definían ellos, que lo pintaban todo como una entrega total de sus posesiones, como una fantasía de ser arruinados, de querer trabajar para que se lo quitase todo, y lo único que buscan todos esos es pajearse imaginando lo humillante que resultaría, sin intención de soltar ni una moneda. Pero aunque la intención sea real, con lo “rarita” que soy yo, veo el asunto como un favor que le haría al sumiso en cuestión, por cumplirle su deseo, y no enseñaría a cambio ni una foto de la uña de mi pie. Y claro, si esto lo consideramos como sumisión pura, con un fetichismo tan respetable como otro como podría ser el dinero, el sumiso tiene que dar dinero a cambio de nada, y esto se presta a lógicas estafas. Pero vamos, si él tiene pruebas de que se trata realmente de una mujer dominante o incluso la conoce en persona, ya digo que el fetichismo del dinero es un morbo como otro, pero que rara vez ocurre de esa manera “pura”.

Aunque la introducción me ha quedado un poco larga, lo que quiero comentar en este post es otra cosa: el asunto del dinero cuando ya existe una relación real ente Ama y sumiso. Habrá Amas que se sientan poderosas pagando ellas. En mi caso no es así. Algunos llegan al extremo de llamarte aprovechada si te pagan un café, cuando eso no se lo dirían a lo mejor a una mujer vainilla, y si un sumiso es tacaño en su vida normal lo seguirá siendo con toda probabilidad cuando esté con un Ama, a no ser que tenga claro que tiene que pagar por narices a una dominatrix.

El hecho de que pague él lo sitúa en una posición de servicio hacia mí. Pero, ojo, yo esto lo veo para empezar como algo placentero para él en vez de como una obligación a la que lo fuerzo. Si alguien me insinúa que ando detrás de su dinero cuando yo creo que estamos disfrutando de una serie de cosas que resulta que paga él, es que no entiende bien de qué va esto de someterse. Obviamente no voy a pedir que mi sumiso me compre un collar de perlas todos los días, pero ya sea una comida, un viaje, un capricho de lencería, eso lo va a tener que pagar, y si noto que lo hace a regañadientes, mal va. Si me sigues por twitter, habrás visto el vestido que me regaló hace poco iskandar, y también pagó por unas esposas-muñequeras para él. Así que, por resumir, el dinero no debería ser el centro entre Ama y sumiso, pero tampoco hay por qué dejarlo fuera, como bien dicen estas camisetas.


domingo, 28 de enero de 2018

Femdom para todos los públicos


Hace poco recibí este mensaje de un lector que llevaba por asunto el título del post:

Estimada Señora:
Mi idea de la dominación femenina es muy "apta para menores": el hombre confía ciegamente en la mujer y la mujer se derrite ante la rendición incondicional del hombre. Y siendo esto tan razonable (digo yo) resulta que no hay manera de encontrarlo. La red está llena de toda clase de delirios, pero los interesados en algo tan sencillo no tenemos donde caernos muertos. ¿Usted lo entiende?
Gracias por su atención y por su blog.

Firmaba con el siguiente “nombre”: es todo tan triste. Y voy a empezar a comentar el mensaje justo por ese detalle. Sí, es todo muy triste, es horrible sentir que no encajas en lo convencional pero tampoco en el mundo estereotipado de Amas crueles y gusanos arrastrados, es una puta mierda por decirlo bastamente. Pero te paras a pensar y el mundo está lleno de cosas tristes. Crisis económica, terrorismo, mafias, y mil cosas más, y todo muy triste y muy injusto. Repito, es triste, y nos complica la vida el hecho de sentir lo que sentimos y ver que no encajamos en ningún lado. Pero uno de los consejos que doy siempre es que adoptar el papel de víctima nos aleja de nuestro objetivo. Somos una minoría dentro del femdom de sesiones y del femdom extremo que nos pretende vender el porno, de manera que si nos dejamos arrastrar encima por el pesimismo, no estaremos en buena posición de partida para conocer a nuestra persona afín en todo esto.

Acerca del mensaje en sí, eso del femdom para todos los públicos puede resumir lo que intento transmitir desde aquí, aunque obviamente hay momentos no aptos para menores. Sobre el lamento de lo mal que está el panorama, creo que es cuestión de dejar a un lado lo que no nos interesa y exponer claramente nuestro concepto femdom. Hay webs y comunidades bdsm, y aunque sigamos sintiendo que no encajamos ahí o aunque veamos que hay de todo como es lógico, cuando empiezas a hablar de lo que te interesa acaba llegando gente que piensa como tú. Es lo que ocurre en mi blog, que yo no escribo para convencer a nadie, sino que la gente llega hasta aquí porque encuentra una línea de pensamiento parecida a la suya. También llegan googleando burradas o porque son trolls aburridos, pero hay un grupo que me sigue y que siente que en este rincón alguien habla su mismo idioma. Así que ánimo y espero que consigas encontrar lo que buscas.

lunes, 22 de enero de 2018

Un jovencito (¿sumiso?) confuso

Voy a responder por aquí, como hago casi siempre, una consulta de un lector. Ya que le dedico tiempo al consejo, por lo menos que le sirva a más de una persona. Además suele ocurrir que no se trata de lectores asiduos, y si esperan una respuesta personalizada cómodamente en su buzón, pueden esperar sentados.

Este es el mensaje:
Buenas, tengo 21 años y me excita mucho el tema de ama/sumiso pero aún no he tenido la oportunidad de experimentarlo de primera mano, pero me gusta mucho leer blogs de sumisos y amas, me pone mucho la verdad pero no se como iniciarme. Si tu pudieras aconsejarme algo.
Tengo una relación relación muy buena con una chica actualmente, pero no me atrevo a decírselo, porque tampoco se muy bien lo que decirle o pedirle.

El mensaje es breve, pero da bastantes pistas de por dónde van los tiros. Veamos. Dice que le excita el tema, que no ha podido experimentarlo... O sea, este chico ve esto como algo puramente sexual que se practica a ratos sueltos. De momento es así, no sé si evolucionará hasta una sumisión más global. Lo de iniciarse ya lo comenté en el pasado y me da pereza repetirlo; el resumen es: ¿cómo te iniciaste en el sexo vainilla? Pues eso, chico, que esto no es cosa de extraterrestres, que no hay una ceremonia de iniciación con un grupo de encapuchados y unas velas negras. Busca una chica compatible y, venga, a darle al vicio. Ah, pero un momento, es que resulta que existe YA una chica...

Vamos a ver la segunda parte del breve mensaje. Dice que tiene una relación MUY buena con una chica... Uhm, erm, esto... ¿seguro...? No se “atreve” a decirle nada de lo suyo. Pues mal va la cosa. No veo el “muy buena” ahí. Sin comunicación, confianza, sinceridad y afinidad, una relación no funciona, y desde luego, no puede funcionar “muy bien”. Ella obviamente no ha sacado el tema, y no creo que le pase como a él, que no se atreva o no sepa cómo hacerlo. Es que yo estas cosas no las pude esconder nunca, incluso antes de ponerle nombre. A mí me ponía lo que me ponía, lo otro me dejaba fría, y mi naturaleza dominante estaba ahí, y punto. Lo demás son detalles menores, el cómo y cuándo decirlo, o si empezar por atar las manos o tapar los ojos. Vamos, que parece que tenemos el típico caso de chico sumiso, o bedesemero, con chica vainilla o quizá sumisa. Pero vaya, que para salir de dudas es tan simple como hablarlo con ella. ¿Cómo? Pues como dos personas normales hablando de cualquier tema. Enséñale esos blogs, o mejor, enséñale el mío ya puestos, sobre todo porque aquí no se va a asustar de alguna burrada extrema, ni va a sentirse presionada por hacer tal o cual cosa.

Voy a hacer un inciso al hilo de esto. En cierta ocasión conocí a un chico que estaba viviendo en mi ciudad durante una temporada. Él buscaba Ama, aunque realmente estaba interesado en sesiones con unas cuantas prácticas concretas. Le conté que yo escribo este blog, y le cambió la cara. Resulta que su anterior novia había encontrado mi blog buscando información sobre femdom, cuando él le dijo que quería meter el tema en la relación (simplemente se lo dijo, no es tan difícil jaja). Entonces ella, después de leerme, le dijo que le parecía bien, siempre que fuera el concepto de femdom que yo defiendo aquí: ella es la prioridad, ella es alguien a quien el sumiso adora pero sin perder de vista que es un ser humano, etc. Y claro... esa parte él no la quería, juasss. Así que mi blog fue casi el motivo de ruptura en esa relación, y obviamente él me dijo pronto que no podía ser el tipo de sumiso que yo buscaba. De manera que a veces sé que el sumiso que me pide consejo no está interesado en que su pareja lea mi blog, porque entonces no podría salirse con la suya y tener la relación de “mandar desde abajo” que realmente busca él.

Y en este caso mucho me temo que los tiros vayan por ahí, como sospecho por la última frase: “no sé qué pedirle”... ¿Pedirle? ¡Pedirle!!!! No no no, regla número uno, chavalote, tú no pides NADA, deja de guiarte por los vídeos de porno femdom, esto no va de lo que ella te hace a ti, sino de lo que tú haces POR ella. Y si lo que quieres es pedir, vete con una dominatrix.


En fin, mi consejo-resumen es el mismo que si tuvieras 41 o 61 en vez de 21: sincérate con tu pareja, las relaciones se complican por sí solas como para encima estar con alguien sin afinidad, ella tiene derecho a saber quién es esa persona que se mete entre sus sábanas, y a partir de ahí decidirá si acepta “esas rarezas”, si lo toma como un picante extra para el sexo, si quiere más, si no le interesa nada de eso, o lo que sea. Y en cuanto a ti, llegado el caso, decide también si quieres estar con alguien que no entiende ni acepta algo tan importante para una relación como tu faceta sexual. 

lunes, 15 de enero de 2018

¿Eres sumiso o kinkster?

Primer capítulo de mi libro Guía para ser buen sumiso.

Vamos a empezar por el principio, que no es otro que preguntarte a ti mismo, sinceramente, qué eres en realidad. No te garantizo que vayas a encontrar Ama, o a mantener a la que tienes, respondiendo a esa pregunta, pero estarás más cerca de ello. ¿Cuál es la diferencia entre sumiso y kinkster? En los círculos BDSM se suele unificar todo, y parece que es lo mismo sumiso, esclavo y kinkster. No sé si te sonará la palabra kinkster. Podemos usar también bedesemero, pero en definitiva se trata de una persona que practica una sexualidad alternativa, para diferenciarla de la convencional o vainilla. Palabrejas aparte, lo que debes preguntarte es si lo tuyo consiste en una serie de gustos apartados de lo “normal”, como fetichismo de pies, placer con el dolor, afición por el bondage, etc. ¿Te excita lamer pies? ¿Te excitas si te azotan el culo? ¿Te pone a cien que te aten las manos? Todos esos gustos sexuales apartados de lo que se supone que es más frecuente se llaman parafilias, y la lista es muy extensa. Pues bien, la diferencia entre sumiso y kinkster es la siguiente. El kinkster disfruta cuando consigue cumplir sus deseos de sexo alternativo, y más allá de esos momentos, no se siente sumiso con ninguna mujer. Lo ideal es que se relacionen con mujeres que lo vivan al mismo nivel que ellos, y todos felices, pero el conflicto viene cuando se definen como sumisos, sin serlo.

El problema, como digo, es que en el mundillo BDSM se llama sumiso a cualquiera que quiera ponerse esa etiqueta, y al final entran en el mismo saco los que quieren pasar un rato de sexo alternativo, los curiosos morbosos, los que engañan a cualquier mujer que se deje con tal de cumplir egoístamente sus fantasías, etc. Y hay un grupo de hombres que no se quieren quedar en los ratos de sexo BDSM, sino que se sienten plenos y realizados entregándose a una mujer a todos los niveles, que disfrutan priorizando el deseo de ella, que son complacientes en el sexo y en todo lo demás, que son felices haciendo feliz a la mujer, etc. Es decir, hay sumisos que merecen mucho más ese nombre, a pesar de que se lo hayan adueñado por las buenas todos los demás. Un caso extremo de sumiso, o de kinkster según sea su ámbito, es el esclavo. Hay esclavos sin límites que son kinksters que se prestan a que hagan con ellos prácticamente de todo, aparte de matarlos o mutilarlos, aunque algunos descerebrados tampoco se negarían a eso. Y hay esclavos 24/7 que quieren vivir en una sesión BDSM permanente.

Así pues, debes hacer examen de conciencia para aclararte contigo mismo y saber qué clase de sumiso eres. Si eres un kinkster, no pasa nada, asúmelo y no vayas diciendo por ahí que eres algo más allá de eso. Mi consejo en tu caso es simple: sé honesto y busca una compañera afín. Practica el SSC, es decir, todo debe ser consensuado y estar dentro de unos límites razonables dentro de unas sesiones realizadas con cordura y medidas de seguridad.

Quizá te preguntes por qué un kinkster habría de tener problema en reconocer lo que es. Pues bien, la respuesta rápida es: hay pocas mujeres dominantes, y las que hay no se conforman con esta especie de sumisión-a-ratos. Otra razón es que, desde una postura egoísta, prefieren pasar los ratos sueltos que necesitan para colmar sus oscuros deseos, con mujeres que lo viven como forma de vida. Es como si escoges el mejor plato de la mesa si crees que está a tu alcance. Es comprensible querer obtener el mejor resultado posible con el mínimo esfuerzo. Pero en esos casos se produce una falta de simetría y una injusticia evidente, y no tarda en caer la careta o en aparecer el sentimiento de que ahí falta algo. Porque ninguna mujer que sea Ama vocacional, y no kinkster, se va a conformar con menos que un sumiso auténtico.

Creo que en el fondo todos sabemos quiénes somos, pero si eres muy inexperto o no te aclaras, hagamos un test rápido. Imagina esta situación: una mujer (dominante) te dice “vas a hacer lo que yo te diga”. ¿Cómo reaccionas?
a- en el sexo te parece perfecto, fuera de ahí, ni de coña
b- en el sexo te parece perfecto, siempre y cuando se ajuste a tu ritmo, y puedes hacerle el favor de ceder en algo si eso te garantiza llevarte sexo kinkster
c- fuera del sexo también te atrae la idea, de hecho te excita obedecer en cualquier cosa que te pida
d- te atrae dentro y fuera del sexo, y te libera dejar en manos de ella la relación, sin que lo conectes todo con lo sexual

La clasificación que acabo de hacer es muy generalista, pero la clave está en ver qué papel juega lo sexual. Puede que sea el único motivo, o puede que hagas otras cosas como medio para llegar a eso, o puede que no necesites ni que esté presente para seguir sintiéndote a gusto en una relación donde manda ella.


Tengo que aclarar que con sexo en este contexto me refiero a cualquier práctica entre hombre y mujer en clave femdom, es decir, no hablo de coito, que es lo más de lo más en el mundo vainilla. Una tanda de azotes es algo sexual, por supuesto, porque no se produce como un ejercicio en un gimnasio: es un momento íntimo compartido por hombre y mujer que conduce a la excitación, ya sea en ese momento o después al rememorarlo. Habrá quien diga que el sexo no pinta nada en todo esto, por ejemplo cuando se le pone al sumiso un CB (cinturón de castidad), pero incluso ahí estamos actuando sobre su sexualidad, así que es justamente la protagonista. Concretamente con el CB se pretende controlar los orgasmos, no anularlos por completo. 


viernes, 5 de enero de 2018

Guía para ser buen sumiso

¿Cómo está yendo el año nuevo? ¿Algún buen propósito?... ¿Sí, no, quizá...? Bueno, voy a ayudarte, ¿qué tal si te propones mejorar como sumiso? Con este libro tengo el propósito de contribuir a que haya más y mejores sumisos, para que las Amas en búsqueda no tengan que buscarlos debajo de las piedras, y para que evolucionen las parejas femdom ya formadas.


Mi nuevo libro sale a la venta el día 15 de enero, pero ya lo puedes reservar en preventa. ¿Por qué lo he hecho así? Pues aparte de para crear expectación, jiji, para que os beneficiéis de un precio especial hasta esa fecha.

¿Qué puedes encontrar en esta guía? El contenido es el siguiente:

¿Eres sumiso o kinkster?
¿El sumiso nace o se hace?
Primer paso: acéptate
Primer consejo: honestidad, honestidad y más honestidad
Cómo abordar a una mujer dominante
Escoge bien a quien te entregas
Sé realista
¿Cómo saber que vas bien como sumiso?
Cómo enmendar tus errores
10 cualidades del buen sumiso
El gran consejo
El castigo es tu fracaso
Pautas generales de comportamiento hacia tu Ama


No he querido hacerlo muy largo, porque prefiero dar unas cuantas pautas claras y fáciles de asimilar. Así que tampoco me voy a extender más a la hora de presentarlo xD

martes, 26 de diciembre de 2017

Un verano con mi tía- Relato Femdom

Ya sé que estáis ansiosos porque cumpla con mi tradición de relato de fin de año, así que aquí va. Esta vez cambiamos de estación y nos vamos de verano femdom, por no caer en la rutina :P

Mi tía está de muy buen ver a sus cincuenta años. Pero me atrae sobre todo por su carácter decidido y autoritario y también por el hecho de que no es realmente mi tía. Estuvo casada con mi tío materno durante veinte años y al fin se separó, harta de no vivir la vida que quería. Esa última parte pertenece casi más a mi fantasía que a la realidad, pero todo lo que rodea a mi tía ha estado siempre en una nebulosa de sueños húmedos.
A pesar del divorcio, ella mantuvo el contacto con mi familia, sobre todo con mi madre. Son buenas amigas, y por eso pareció de lo más natural que yo acabase ese verano en su chalet de las afueras, a solas los dos. Yo había suspendido demasiadas asignaturas ese año, más de las que mi madre estaba dispuesta a pagar en el nuevo curso de la universidad.
No te vendrá mal un poco de la disciplina de tu tía —me dijo, consciente del carácter estricto de su estimada cuñada—. A ver si te centras de una buena vez, que te distraes hasta con el vuelo de una mosca. Seguro que ella sabe cómo meterte en cintura, porque yo ya no sé qué hacer contigo.
No sabía nadie lo mucho que yo deseaba que ella me metiese en cintura, pero no tenía muchas esperanzas de que pasase algo remotamente parecido a un encuentro sexual. A pesar de la gran figura que conservaba mi tía, siempre se vestía de manera discreta, incluso en verano, y tenía claro que no me dejaría ni asomarme a su escote.
Fingí ante mi madre que iba a regañadientes y me dirigí al chalet en cuanto terminé de hacer la maleta. Mi tía me recibió con un tibio beso en la mejilla y me indicó enseguida las normas de la casa, que eran bastantes. Sentí que no me compensaría estar cerca de ella con tan poco margen de movimiento. Los horarios de cocina parecían salidos de una academia militar, hasta el punto de que fuera de las horas marcadas por ella, esa puerta permanecería cerrada con llave. En cuanto al resto de horas, me dijo que yo no podía usar la piscina ni tumbarme como un zángano al sol.
Este año tienes que reconocer que no te has ganado ese privilegio, ¿no crees, Borja?
Cierto, tía, no lo merezco —dije, avergonzado como si fuera un párvulo.
Qué manía con llamarme tía. No vuelvas a hacerlo o atente a las consecuencias —dijo, con una media sonrisa de picardía.
Lo siento, Rosa, es la fuerza de la costumbre, y por escuchar a mi madre todo el rato hablando de ti con ese título.
Bueno, basta de charla, tienes mucho que hacer y mejor que empieces cuanto antes.
Deshice con desgana la maleta y me instalé en la habitación de la planta alta que me indicó. Lo único bueno de ese cuarto era que daba justo a la piscina. Por un lado era una tortura mirarla sin poder disfrutar de la natación, pero para mi suerte, mi tía pasaba largas horas tumbada al sol al borde del agua. Por la mañana sólo nos veíamos en el desayuno, antes de que ella saliese a donde quiera que fuese. Quizá iba al gimnasio, a juzgar por el buen estado físico que tenía siempre. El caso es que me dejaba solo toda la mañana.
Ya sabes que la llave del jardin la tengo yo, pero aun así, no quiero que te dediques a otra cosa que no sea estudiar aquí dentro de la casa. Porque sabría si lo haces, y no me preguntes cómo.
Yo estaba convencido de que me decía esas cosas por pura presión psicológica, y lo más curioso es que funcionaba para tenerme con la nariz pegada a los libros. Luego comíamos juntos, aunque apenas hablábamos mientras mirábamos hacia el televisor. La cena la hacía solo, porque ella tomaba un yogur o algo parecido en su dormitorio. Y luego trataba de dormirme temprano, a pesar de las imagenes que me asaltaban a esas horas.
Cuando mi tía salía al jardin para nadar en la piscina y luego tomar el sol, yo no perdía detalle desde detrás de la cortina. No resultaba fácil, ya que desde su posición podía verme en cualquier momento, pero casi siempre leía o miraba su móvil, de manera que fui relajando mis precauciones y bajando la guardia a medida que pasaban los días. Así fue como me habitué a mi paja diaria de sobremesa, mirando ese escultural cuerpo desde mi ventana. Cuando se ponía crema solar sobre las tetas desnudas era capaz de correrme en medio minuto.
El verano no estaba yendo tan mal, dadas las circunstancias. Pero todo cambió cierto día. Y no precisamente a peor.
Estaba tan absorto en mirarla y tan concentrado en lo mío, que me pilló desprevenido que ella se bajase las gafas de sol de repente, mirando hacia mi ventana. No sirvió de nada que me retirase de golpe: demasiado tarde, me había pillado in fraganti. Y me dispuse a pagar las consecuencias. Porque sabía que ella no pasaría por alto ni un solo fallo por mi parte.
Al cabo de dos minutos la tenía en la puerta, con los brazos cruzados y mirada desafiante. Seguía en bikini, y yo apenas podía reaccionar ni tapar mi erección con la camiseta.
¿Y bien? —dijo ella, acabando de entrar y cerrando con un portazo—. ¿Así es cómo estudias? ¿Así es como agradeces que te acoja en mi casa? ¿Se lo cuentas a tu madre o se lo cuento yo?
Al fin reaccioné. Aterricé un poco a la realidad. Una cosa eran mis fantasías y otra lo que me podía acarrear mi libido descontrolada.
No, por favor, Rosa, no hace falta que cuentes nada, no ha pasado nada, en serio, te lo juro, sólo estaba descansando un momento. No creo que mirar por la ventana sea un crimen.
Zas. El bofetón me pilló por sorpresa.
Deja de mentir y de tomarme por una imbécil. ¿Y qué es eso que tienes ahí dentro, un calcetín, o también veo visiones?
Me quedé callado y completamente abochornado. Lo peor era que mi erección no disiminuía, al contrario: era como si mi cuerpo gritase lo que llevaba tanto tiempo callando. Quería que me hiciera suyo, ya no podía esperar más ni podía pensar en otra cosa.
No sabía lo que pasaría a continuación. Quizá me echaría de su casa y allí acabaría todo. Pero no ocurrió así.
Tomó mi brazo y lo retorció con una fuerza que me sorprendió, a pesar del buen tono muscular que mostraba. Pero yo también estoy fuerte, y no pude hacer frente a su arrebato, aunque en el fondo estaba deseando que me derribase. Me empujó contra la cama y caí boca abajo. Entonces ella me bajó las calzonas de un tirón y, para mi sorpresa, empezó a pegarme en el culo como si fuera un crío. En ese momento me dejé llevar y no opuse resistencia. Pero sentí un poco de rabia porque no me viese como un hombre. Sin embargo, ya bastante suerte estaba teniendo desde mi punto de vista como para andar con exigencias.
¡Date la vuelta! —me ordenó—. Aún no he acabado contigo.
Mi erección estaba al máximo. Yo no sabía dónde mirar, y lo único que tenía cerca era su cuerpo.
¡Y sigues! Maldito descarado mirón. ¿Qué pasa, te gustan mis tetas, no? Pues mira, míralas bien, porque es la última vez que las vas a tener cerca.
Diciendo eso, se bajó el sostén del bikini y se pegó tanto que me las restregó por la cara. Luego se separó y cogió con una mano mi polla, para darle manotazos con la otra.
A ver si así aprendes, pervertido. Merezco un respeto, maldito sinvergüenza.
Sus golpes no eran lo bastante fuertes como para dolerme. Por el contrario, cada vez me excitaba más con todo aquello. De repente ella se acercó a un cajón de mi mesa de estudio y sacó una larga cinta de una caja de costura. Volvió hasta mí y me ató las manos al cabecero. Era de estilo antiguo, con barrotes verticales, y en un par de minutos estuve totalmente inmovilizado y a su merced. Mi pecho subía y bajaba deprisa y me costaba respirar.
Pero serás cerdo, si cada vez te estás poniendo más cachondo. ¿Será posible? Seguro que eso es lo que has estado haciendo todo el curso: ver vídeos porno de tíos atados, ¿a que sí?
Yo, por supuesto, bajé la mirada y no respondí.
No, si el que calla otorga. Pero ya que te has quedado mudo, ahora lo vas a estar de verdad.
Cogió otro trozo de cinta y la pasó alrededor de mi cabeza a la altura de la boca, varias veces, como una mordaza casera. Justo enfrente, a los pies de la cama, había un espejo que ocupaba toda la altura de la pared. Cuando me vi reflejado, amordazado, atado y con mi tía al lado, sentí ganas de sonreir, de haber podido hacerlo. Mi sueño se hacía realidad.
Pero ella no estaba por la labor de complacerme. Se fue de la habitación y me dejó así un buen rato. Cuando empecé a preocuparme de que hubiese ido a chivarse a mi madre, regresó.
Al fin se te baja el calentón, ya era hora. Te parecerá bonito dejarme ver tus vergüenzas, pero claro, qué sabrás tú de las reglas básicas de decoro. Siempre me pareciste un malcriado, con esa mirada de vicio que tienes. Y tu madre es una blanda, que no supo pararte los pies a tiempo. Menos mal que aquí estoy yo para que no termines de echarte a perder.
Cuando terminó de hablar, se desnudó por completo. Mis ojos se abrieron al máximo. Parecía una manera curiosa de castigarme.
Has sido un chico malo y lo vas a pagar. Lo menos que puedes hacer para compensarme es comerme el coño hasta que te duela la mandíbula —dijo, quitándome la mordaza.
Aflojó un poco las cuerdas de mis manos para ponerme en posición horizontal del todo. Me ató de nuevo en la nueva postura para que no pudiera moverme, y se sentó encima de mi cara con su culo. El pene volvió a endurecerse al instante, y sentí que ella lo cogía y apretaba con fuerza con la mano alrededor. Era una manera de estar erecto pero sin poder correrme, lo cual me excitó aún más. Eso, unido a estar debajo de ella, envuelto por su aroma íntimo, hizo que mi mente se quedase en blanco. Ni recordé que tenía que respirar. Cuando ella separó el culo, tosí por falta de aire. Se dio la vuelta y se sentó al revés, con su coño en mi boca. Mi lengua se empleó a fondo en no dejar recoveco sin lamer. Aquello era el paraíso. Entonces sentí un tirón en la polla. No me había dado cuenta del momento en que ella había colocado la diadema elástica de su pelo rodeando mi pene. El extremo estaba en su mano, y daba tirones cada vez que yo estaba a punto de correrme. El dolor hacía que se me pasasen las ganas, y así estuvimos tanto tiempo que no recuerdo cuántos minutos u horas pasaron. Sentí que la luz en la habitación se hacía más débil, y ella no se cansaba de estar en esa postura. El entrenamiento en el gimnasio sin duda le estaba dando sus buenos frutos.
En cuanto a mí, tenía la mandíbula medio dormida ya, pero mi lengua quería más y más de sus fluidos. Tan concentrado estaba, que me sorprendí cuando ella se retiró al fin, tras uno de los varios orgasmos que tuvo gracias a mí.
Esto ha sido un castigo, Borja, aunque no te lo parezca ahora mismo. Vas a pasar la noche atado, y mañana ya veré lo que hago contigo. Por cierto, me lo he pasado bien, al menos eso me he llevado.
Cerró la puerta sin más explicaciones y me dejó que pasase la noche así. Me moría por ir al baño, pero me tuve que aguantar las ganas.
Cuando volvió a aparecer, el sol ya llevaba un buen rato brillando. Estaba vestida y muy seria.
Te voy a desatar ya antes de que me denuncies por maltrato —dijo, con su ironía habitual—. Te puedes quedar aquí lo que queda de mes, yo me voy de viaje con unas amigas, será lo mejor. Esto no puede volver a pasar, ¿entiendes?
Pero...
Intenté protestar. Me tapó la boca con la mano.
Sí, ya sé que somos dos personas libres, y que no soy tu familiar en sentido estricto, pero no te lo tomes a mal, no eres mi tipo, no me van los niñatos irresponsables. Si alguna vez maduras, ya veremos lo que pasa. De momento mi castigo es que esto no se repita más. Adiós.
Se fue sin más, y a partir de entonces ha estado evitándome en las escasas reuniones familiares. Yo he encontrado una nueva motivación para sacar los estudios adelante. Quizá podamos volver a estar a solas si ve que cambio, no pierdo la esperanza. Y no, no siento que me castigase aquel día. Siempre tendré un bonito recuerdo de su regalo. Porque lo viví como un regalo, como el mejor regalo que me hizo nadie hasta la fecha.
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