~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


lunes, 12 de octubre de 2020

La verdad sobre las choni-findom

No hace mucho traté este tema pero es que casi a diario tengo que bloquear a alguna fimdom de pacotilla que me sigue por twitter. No es que tenga que hacerlo, claro, la cuestión es que es un gustazo cuando lo hago. Si quieren promoción, que emigren a otro sitio. El perfil es casi idéntico siempre: chica en la veintena, casi todas chonis, con cuenta recién creada, buscando literalmente tontos a los que desplumar y todas con unos nicks que empiezan por diosa no sé qué. Y a pesar de todo, tienen seguidores ya solo con eso. Está claro que si nadie las siguiera tendrían que buscarse otro invento.

Para los que me leen desde fuera de España, una choni es una chica muy vulgar y poco culta, que basa su hipotético atractivo en usar mucho maquillaje y poca ropa, por resumir. Y como en internet todo se propaga fácilmente, alguien habrá dicho por ahí que hay una manera fácil de ganar dinero por el mismo esfuerzo de vender bragas usadas. Pero en ambos casos, y sin ponerme a mirar a cómo se cotizan las prendas en el mundillo braga usada xD, lo cierto es que nadie se puede sacar un sueldo con ese tipo de cosas.

En esto, como en todo, hay dos caras de la moneda. Están las findom por un lado y están sus clientes por otra. Sobre ellas hay poco más que contar, aparte de que en su infinita ignorancia, no solo desconocen lo que es la Dominación Femenina, ni les interesa, sino que tampoco saben que los money slaves no son como los pintan. Y por tanto yo no me preocuparía mucho por la mala imagen que dan todas estas, porque más pronto que tarde se borran del mapa al ver que las cosas no funcionan como ellas pensaban. O bien se tienen que dedicar a ello como si fuera un trabajo, subiendo fotos y vídeos eróticos, pasando horas en la redes, etc, y siendo en definitiva ellas las que hacen todo a cambio de unos cuantos euros. Porque con la saturación de perfiles de estos que hay, algo tendrán que hacer para destacar entre la competencia.

Pero vayamos con ellos, con los supuestos tontos deseosos de ser humillados por entregar su dinero a una de estas diosas, ejem. Inciso: me daría la risa lo de usar un nick de Diosa. Soy humana, a mucha honra, y el que quiera otra cosa que se ponga un cohete ahí y se vaya al Olimpo a ver si alguna lo aguanta. Pues eso, que ellos están siguiendo a las findom por algún motivo. Tras tantos años en esto, vi casi de todo, y sé que existen hombres que tienen ese fetiche como pueden tener cualquier otro; que se excitan ante la idea de entregar su dinero porque sí, ya no solo dentro de una relación femdom, sino con el supuesto morbo añadido de dárselo a una desconocida. Tan solo necesitan que ella esté “metida en el ajo” y use un par de vocablos femdom para parecer que es Ama de verdad.

Pero claro, esa es la teoría. Es como el que ve porno extremo y luego en la vida real jamás daría un paso hacia cumplir la fantasía porque sabe que es de locos. Y muchos de esos que se excitan imaginando que tributan, jamás lo harán. Algunos porque simplemente no tienen ese dinero extra, otros porque cuando se les pasa el calentón, saben que no tiene sentido dar dinero de esa manera, a no ser que estén de manicomio, que de todo hay. O sea, que esos a los que las findom llaman tontos, calentón aparte, son tan listos como los demás. Y a no ser que hablemos de una especie de Quasimodo que vive en una cueva, y no tenga ni remota posibilidad de conocer mujeres por ningún medio, los demás no van a caer en ese tipo de trampa, ya que hay muchas formas de conocer gente de forma gratis y si te pone cachondo lo de gastar dinero, tienes mil formas de hacerlo sin dárselo a una de estas que se ven desde lejos que son más falsas que una moneda de chocolate.

Y aquí lo dejo, que me voy a twitter a bloquear al siguiente grupo de diosas de hojalata que seguramente me han empezado a seguir en la última media hora.


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jueves, 10 de septiembre de 2020

Pegging en femdom

 


Este es otro de los temas típicos en porno femdom que no abordé hasta ahora porque no me interesa especialmente, sobre todo cuando se plantea desde una postura machista. Voy a explicar cómo lo veo yo.

El coito sigue siendo el plato fuerte de cualquier relación sexual, y además con unas connotaciones de dominación del macho sobre la hembra más que evidentes. Da igual que te pongas encima o que marques el ritmo, al final él piensa que la ha metido y “ha sido un hombre de verdad”. Y todo esto no me lo invento yo, es la base del porno en todas sus variedades, con el falo como símbolo de poder y protagonista absoluto. Y lo increíble es, que en porno femdom sea más de lo mismo. Tenemos a una mujer que usa una polla de goma para someter al hombre a través de una especie de coito macho-hembra. De ahí que la humillación del sumiso consista en hacerle sentir una putita; ojo, no una mujer a secas que disfruta de sexo anal, haciendo por tanto que la persona follada sea automáticamente la parte sometida y humillada.

El planteamiento anterior es el mayoritario, mires donde mires. “Quiero ser su putita, mi Ama”, “eres mi zorrita y vas a sentir el poder de mi arnés”, etc. Vamos a repasar un concepto básico: Dominación Femenina, dominio de la mujer sobre el hombre. Hasta donde yo sé, ejem, no tenemos pene, ni falta que nos hace a las que no adoramos a lo fálico. Repito, ni falta que nos hace, tanto para sentir placer a solas como para sentirlo acompañadas. Yo no necesito una prótesis para que alguien se rinda a mí. Y me interesa 0% que un hombre necesite “degradarse” sintiéndose una golfa. No voy a contribuir al modelo heteropatriarcal ni está en mi naturaleza. No estoy frustrada por no tener pene, no soy dominante porque en el fondo quiera ser un macho alfa, no veo a los sumisos como menos hombres o como amariconados.

Y os estaréis preguntando, ¿hay alguna manera de incluir la sodomización del sumiso como algo puramente femdom? Ya digo que todo lo que vaya en la línea de “te follo como si yo fuera un hombre” o directamente, “te sodomiza un hombre en mi presencia”, me parece la antípoda del femdom. Y también me parece que el sexo anal masculino no es sinónimo de femdom, es decir, una pareja vainilla puede saltarse los mil tabúes al respecto y jugar con un arnés, porque a él le resulte placentero sin sentir que su hombría peligra o que en el fondo sea un gay en el armario, y ella puede hacerlo por complacerlo, desde una actitud más sumisa que dominante.

Dentro de una relación Ama-sumiso en la que ella utilice su feminidad y él se sienta tan hombre como cualquier otro, la sodomización puede ser otra forma de entrega. Indudablemente, es un tema peliagudo para cualquier hombre heterosexual, es una cuestión de vulnerabilidad, es algo casi más mental que físico, aunque en el terreno físico no es algo fácil para un esfínter poco entrenado. Si él no necesita que lo insulten llamándolo putita mientras entre ambos idolatran al falo masculino como símbolo absoluto de poder, sino que el sumiso se ofrece sin reservas para que su Ama hurgue en cualquier rincón de su anatomía, ya estamos algo más cerca de lo que supone el dominio femenino. Pero ya digo, si todo se basa en eso, y además se plantea como machismo disfrazado de femdom, pues no es femdom, directamente.

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sábado, 1 de agosto de 2020

La castidad forzada del sumiso

Este es uno de los temas estrella del femdom que, curiosamente, no comenté todavía con un post específico en mi blog, a pesar de llevar tantos años escribiendo sobre Dominación Femenina. Así que al fin me he decidido a abordar el tema. Obviamente, no es algo que esté entre mis prioridades como Ama y por eso no lo comenté antes. No lo veo como un asunto de blanco o negro. Hay mucho que comentar y matizar, así que allá voy.

Antes que nada, empiezo por el rechazo que me produce este tipo de práctica cuando va asociada con el tema cuernos, como una forma de despojar al hombre de su principal atributo masculino, en una especie de castración virtual. Y, por tanto, al ser incapaz de satisfacer en el terreno del coito a su Ama, ella puede, y debe -según los cánones-, buscarse a otro macho. En el caso de los cuernos consentidos, ese otro macho será dominante con toda seguridad, por lo que me parece el colmo del anti-femdom el hecho de emputecer al Ama. Pero no me extiendo sobre esto, que lo tengo muy comentado ya.

Voy a centrarme en el caso de una relación Ama-sumiso sin historias de poca hombría de por medio. Es decir, el sumiso es tan hombre como los demás -increíble que tenga que aclarar esto- y hay relaciones sexuales entre ambos, normales, o todo lo normales que pueden ser dentro de que ella decide cómo, cuándo y demás. Eso por una parte. Luego está la sexualidad a solas del sumiso. ¿Puede masturbarse cuando le de la gana? ¿Hay que usar un chisme de castidad para impedirlo?

Bien, veamos. El hombre tiene una fisiología que no necesito explicar. Una erección matutina no es algo sexual, es una reacción inconsciente. La necesidad de eyacular es algo que, por mucho que el taoísmo afirme que se puede anular y que el semen se reabsorbe y tal y cual, es algo natural. Hasta ahí, queda claro que no podemos reformatear el cuerpo masculino. Otra cosa es que el sumiso sea más pajillero que un bonobo en celo, y coincido con las que opinan que cuando un hombre tiene todo el sexo que quiere, solo o acompañado, su nivel de sumisión baja un peldaño. Porque es una cuestión hormonal, por muy bonita que sea la D/s mental.

Lo importante es el papel prioritario del Ama en todo esto. Es decir, en nuestras manos está decidir si el sumiso se queda un mes en castidad, por castigo o por gusto, o si se masturba en determinados momentos escogidos por nosotras. Personalmente le veo más sentido controlar sus orgasmos en vez de encerrarle el pajarito y guardar la llave. Que se masturbe ante mí es más excitante que tenerlo en el dique seco. Y que lo haga al ritmo que yo marque en vez de mirando porno, más de lo mismo.

Hay hombres que difícilmente podrían usar un CB pero que en todo lo demás pueden ser perfectamente válidos como sumisos. En el extremo opuesto, están los que solamente buscan ese fetiche, y que te preguntan si les pondrás el cacharro antes de saludarte. También hay muchos que practican la auto-castidad o bajo las órdenes de Amas online. Es de esas cosas que son más o menos fáciles de hacer a distancia, tal como me comentó un tipo, que tenía bien pensado un método para no conocer el código del CB. Al hilo de esto, el sumiso debe tener manera de poder quitárselo en caso de emergencia sin tener que llamar a los bomberos (caso verídico que comenté por aquí hace tiempo). Y algo que no me convence, por mucho que digan lo contrario, es la higiene al llevarlo días seguidos, pues no siempre hay un grifo a mano ni se puede limpiar eso en condiciones con simple papel higiénico.

A todo esto, no estoy dejando clara mi postura. Por resumir, el CB no me parece imprescindible. De hecho, tiene más mérito mantener la castidad sin un impedimento físico. Y algunos en realidad se excitan por el simple hecho de ponerse el CB. La castidad es algo que no se inventó con el femdom. Tiene una base lógica conocida por cualquier mujer, y puesta en práctica como castigo o como futura promesa de sexo, según sea el caso. Pero abunda más lo del castigo, desde que el mundo es mundo. Me refiero a las huelgas de sexo. Dejar al hombre sin sexo como castigo o para forzarle a hacer algo no es nuevo. Lo han practicado incluso comunidades enteras de mujeres en épocas antiguas y también recientes (la película 'La fuente de las mujeres' trata precisamente de una historia real sucedida en un pueblo de Turquía, en el que las mujeres inician una huelga de sexo hartas de que los hombres no cumplan con una tarea que recae sobre ellas en exclusiva). En definitiva, si tu novio/ marido/ ligue no se porta como quieres, déjalo un tiempo sin sexo y verás que se vuelve un corderito. Esto es sabiduría popular de ayer y de siempre. Aunque corres el riesgo de que busque por otro sitio lo que tú no le das, claro, y esa es la principal diferencia con la castidad del sumiso: él no lo vive como algo que pierde sino como una renuncia placentera que acepta por obediencia.

Consejo para novatos y novatas: un CB no es un instrumento mágico que convierta una relación femdom en algo perfecto. Y la castidad impuesta puede crear un lazo especial entre ambos, pero tampoco sirve para tapar otras carencias. Porque, recordemos, el cinturón de cerebro no lo han inventado todavía ni tiene pinta de que lo hagan, y puedes encerrar su pene, pero él es libre de fantasear, o incluso de buscar a otra y lamerle los bajos, convencido de que eso no rompe el casto pacto. Quiero recalcar que nada garantiza que el sumiso sea más obediente. Si lo parece cuando está en castidad, ¿no será más bien que en ese momento vendería a su madre por 5 euros a cambio de poder desfogarse de una buena vez? Puede decirte que sí a todo como truco para que le quites el torturante objeto.

También hay que hablar de las dificultades logísticas que pueden surgir con el CB. Puede ser una tarea extra estar pendiente del tiempo que lleva tu sumiso en castidad, por no hablar del tema de la llave: si la tiene él ya no hay control total, si la tienes tú puede ser un riesgo para su salud cuando no estáis juntos, soluciones intermedias ya empañan el juego. Y luego están esa especie de maratones que se montan algunos, a ver quién aguanta más días, que hasta en eso son masculinamente competitivos. Y ser un adicto al CB te puede llevar a la apatía, al lado oscuro pasivo-agresivo o a la impotencia. No tengo datos científicos en la mano, pero una cosa es retrasar el orgasmo y otra perder todo interés en el tema.

En resumen, yo prefiero aprovechar el juego que da un pene antes que desperdiciarlo de esa manera. Lo único que debe quedar claro es que su pene me pertenece, por decirlo de alguna manera. El único artefacto que utilizo para la dominación soy yo misma. Si tengo que obligarle a que se reserve para mí, lo hará sin aparato de por medio. Si se lo pongo porque no me fío de él... bah, esta opción no me vale, si no hay confianza no me sirve. Y la obediencia se logra cuando dominas sus pensamientos, no con lavados de cerebro ni hipnosis, sino porque estás en sus pensamientos desde que se levanta por la mañana hasta que se va a dormir, y se entra allí por méritos propios, sin necesidad de amaestrar mediante objetos artificiales a esa fierecilla que tiene ahí abajo, pues la base de la Dominación Femenina, a diferencia del juego kinkster, es que se someta también en frío, no cuando esté más caliente que el palo de un churrero.

Y hablando de calor, aquí en España ya estamos a nivel sartén al fuego, así que dejo el blog en reposo por una temporada. Tenéis lectura de sobra, tanto aquí como en mis libros. A la vuelta hablaré de... ya lo sabréis :P


domingo, 12 de julio de 2020

La búsqueda eterna de una relación femdom



El otro día hice una encuesta en twitter, preguntando cuánta gente tiene una relación femdom, cuántos la buscan y cuántos ni la tienen ni la buscan. Ojo, hablo de relaciones de verdad, no de un rato de juego o una ciber ama o una findom. Así que voy a comentar el resultado y a dar algunos consejos. Como era de esperar, un porcentaje minoritario dijo tenerla y la mayoría dijo que no tiene pero busca. Y me da a mí que es una búsqueda permanente, porque por experiencia sé cómo van estas cosas. Quizá a ratos aparece alguien compatible en apariencia pero tampoco se acaba concretando nada, o tras unos meses de “luna de miel” llegas a conocer al otro mejor y ves que hay poco futuro. Y vuelta a empezar, una y otra vez, en un bucle infinito.

Ese parece el estado natural de la persona con tendencias D/s, buscar y buscar, decepción tras decepción. Y también hay quien ni busca, quizá por miedo, o porque ve esto como una fantasía porno, pero también están los que simplemente ya tiraron la toalla. Porque cada vez te queda menos ilusión y porque esto es como una pequeña pecera en la que no hay tanta gente, aunque a veces parezcan legión, y si hay alguno medio interesante, posiblemente estará pillado. También algunos se quejan de no encontrar esa relación que necesitan casi como respirar pero el hecho de hacer cambios en su vida es un obstáculo insalvable.

Lograr una relación femdom es una búsqueda ardua y no siempre con final feliz. Yo daría dos consejos principales. El primero, no te conformes con medias tintas, no hagas como tantas parejas vainilla que se emparejan por no estar solos o a falta de algo mejor. Esto no es diferente, son relaciones entre personas al fin y al cabo. El segundo, quédate con los buenos momentos que puedas lograr. Si tienes una relación de tres meses, o unos encuentros puntuales con alguien que vive lejos, o esa ilusión de los primeros momentos con alguien que al final resulta no ser compatible, pues eso que te llevas.

Pueden parecer consejos incompatibles, pues conformarse con encuentros esporádicos es eso, conformarse, pero me refiero a otra cosa. Tengas el tipo de relación que tengas, debería ser buena, la mejor posible, dure lo que dure. Si se estanca en encuentros puntuales por circunstancias, a otra cosa, pero esos momentos no dejan de ser una maravillosa vivencia. A eso me refiero.

En definitiva, hay que ser realista y no amargarse por los escasos resultados. Y no dejes de buscar, que quien busca, encuentra, o eso se supone, pero si no buscas entonces ya ni con una varita mágica. Ahora bien, busca con cabeza, no disparando a todo lo que se mueve y con frases de copia-pega. Párate a pensar lo que realmente necesitas y lo que puedes ofrecer, y no olvides que la soltería, femdom o vainilla, es un estado tan feliz y pleno como cualquier otro.


lunes, 22 de junio de 2020

Findom no es femdom



De un tiempo a esta parte algunas, jovencitas sobre todo, quizá compinchadas con sus novios vainilla, ven una forma de ganar dinero fácil con eso de insultar y enseñar los pies o algo más, a cambio de dinero. Es una auténtica plaga de findoms de pacotilla. Ni siquiera les gustan los sumisos, de hecho los desprecian, no como parte de una dinámica de humillación sexual, sino que están convencidas de que son unos perdedores. Ellos a su vez pagan a cambio de, como eso tan trasnochado de pagar por lograr sexo porque no tienen otra cosa que ofrecer. Tanto unas como otros, lejos de no hacer daño a nadie, ofrecen una imagen lamentable del femdom, porque lo grave es que se ponen nicks de Amas. Al menos deberían llamarlo por su nombre, yo propongo tributismo a falta de otra cosa mejor, porque ni eso es dominar ni eso es someterse.

Te enseño las tetas y dame dinero” no es dominar, por mucho que insultes y menosprecies a esos “sumisos” que creen que la sumisión es arrastrarse y degradarse por las buenas. Intentar defender una Dominación Femenina no machista en la que los hombres no van de putitas ni ellas de amos con tetas, es desalentador con el panorama que hay, pero aquí sigo como los irreductibles galos de la aldea Asterix. Soy muy indie en todas mis facetas así que no me pilla de nuevas eso de tener un pensamiento independiente y contra corriente. Mientras tanto, ellas seguirán contando euros, con esa pobreza extrema de los que son tan pobres que solo viven para el dinero, y ellos se auto engañarán creyendo que clicar en el botón de donar les consigue el Ama de sus sueños.

Se podría hacer un starter pack findom en un minuto: escote, dedo anular levantado, insultos y símbolo del dólar. No hay más. 

Dentro de una relación femdom, aunque sea a distancia o esporádica, el control del dinero puede ser un componente más o no intervenir para nada, pero que sea la base de esa especie de transacción ciber entre desconocidos... lo dicho, tributismo y nada más.


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jueves, 14 de mayo de 2020

Porno cuentos femdom



La cuarentena pude ser productiva e ilusionante. Aproveché para escribir más, como ya comenté en el post anterior, donde iba relato gratis, así que tengo listo mi nuevo libro de relatos femdom. Se llama Porno cuentos femdom y trata justo de eso, de versiones eróticas de los cuentos tradicionales más famosos. Obviamente ni hay menores de edad ni está destinado a ellos. Atrévete a conocer a las protagonistas en versión femdom de Caperucita, Cenicienta, Rapunzel, y más.


En mi libro no hay sitio para princesitas pasivas que necesitan ser rescatadas para vivir su despertar a la sexualidad, que es básicamente el trasfondo de la mayoría de los cuentos. Quedaron fuera algunas ideas que no daban para mucho en el terreno femdom, aunque me sobre imaginación, como Alicia, la sirenita, etc. Como novedad, si conocéis mi línea habitual de ficción femdom, me he ido un poco más hacia lo explícito, hay más porno que erotismo; es lo que tiene tanto confinamiento, que desata la libido :P

De momento y hasta el 20 de mayo lo tengo puesto en preventa, en plan tease and denial :P Así que podéis reservarlo ya, en formato digital y en breve en papel, en este enlace:


jueves, 30 de abril de 2020

Relato femdom: Caperucita femdom y el lobo domado



No creáis que ando cruzada de brazos con esto del confinamiento. Estoy casi más ocupada de lo habitual. También aprovecho para retomar cuestiones que tenía aparcadas, como mi próximo libro de relatos. Esto es una muestra de su contenido. Quiero hacer relatos basados en cuentos tradicionales pero con una versión femdom. Aún ando recopilando ideas así que se admiten sugerencias, que podré o no aceptar, claro :P Sin más introducción, aquí está mi particular versión de Caperucita y el lobo feroz.


Caperucita salió como cada mañana de su casa tras la charla diaria de la pesada de su madre. Ya no era ninguna niña, tenía 20 años recién cumplidos, aunque todos siguieran llamándola por ese ridículo nombre. Era cierto que le gustaba la ropa con capucha y que el rojo era su color favorito, pero su atuendo no era precisamente inocente, tal como le recriminaba su madre.
-Mira que te vas a resfriar con el cuello tan abierto. Y no olvides decirle a la abuela que-
Caperucita ya perdía la paciencia últimamente y dejaba a su madre con la palabra en la boca. Hacía un día precioso y quería aprovechar bien su paseo por el bosque.
Se desabotonó otro botón de la blusa, que le estaba quedando estrecha después de caer en la habitual tentación de comerse la mitad del contenido de la cesta destinada a su abuela, postrada en la cama por un mal esguince.
La conocida senda de tierra estaba un poco fangosa por la última lluvia nocturna, así que decidió cruzar por entre los aromáticos árboles. Aspiró encantada el frescor del aire y abrió la cesta para escoger su pastel favorito. Aquello era la felicidad con mayúsculas. Tan solo anhelaba una cosa más, pero no había en la aldea muchacho digno de sus fantasías.
De repente, un desconocido le salió al paso desde detrás de un grueso tronco. Era un tipo extraño, de rostro y orejas alargadas, largos colmillos -como pudo apreciar por la falsa sonrisa que le dedicó a modo de saludo- y una barba tan poblada que se extendía más allá de lo normal tanto hacia los ojos como hacia su cuello. Las manos eran muy peludas también, y por sus mangas asomaba largo vello procedente de sus brazos. Llevaba unos pantalones ajustados y una gorra colocada de manera desenfadada. Le recordó a un tipo muy pesado que intentó ligar con ella en la última fiesta de la comarca. En aquella ocasión lo despachó con un puntapié, y haría lo mismo si no la dejaba en paz.
-Aparta, ¿no ves que llevo prisa?
-¿La llevas, guapa? Yo juraría que dabas un tranquilo paseo.
No había nada que pusiese de peor humor a Caperucita que un tipejo llevándole la contraria. Si encima le impedía el placer de comer un pastelito bajo los árboles, eso lo convertía en candidato directo a llevarse una patada en la espinilla, como mínimo.
-Escucha, feo, no estoy de humor para tus tonterías de ligón barato. Me marcho.
-Pero, nena, ¿a qué viene tanta prisa? No tengas miedo, soy inofensivo.
-No me digas. Yo, por el contrario, soy cinturón negro de karate, así que ándate con ojo.
-Uhm, me ponen las gatitas que se resisten. Y además, tu escote me está quitando el hipo.
Caperucita no se lo pensó dos veces. Dio dos zancadas hasta el desconocido, le arreó con la cesta y echó a correr.
Escuchó una risa a su espalda.
-¡Pero dime cómo te llamas! A mí me dicen todos Lobo. ¿Nos volveremos a ver? ¡Dí que sí, porfa! Todavía tienes que arrearme en la otra mejilla, ja ja ja.
Caperucita se frenó en seco. Su abuelita tendría que esperar otro rato y además le vendría bien un poco de dieta con tanto reposo. Era la madura más atractiva de la región y no quería arruinarle la figura. Más le preocupaba que la rondasen individuos como ese tal Lobo, y su auténtica intención al visitarla era ahuyentar moscones de su puerta. Debía asegurarse de que al menos ese quedase fuera de juego.
Se dio la vuelta lentamente y fingió una sonrisa en son de paz.
-Tienes razón. Aún no te arreé lo suficiente. Eres un chico malo y debes pagar por ello. ¿Nadie te enseñó modales?
Lobo parecía confuso. Quizá nadie le había plantado cara y estaría acostumbrado a que las jovencitas huyesen despavoridas. Pero Caperucita no era como las demás. Y tenía que dejárselo claro.
-Oye, dime una cosa -le espetó cuando lo tuvo a un par de metros-. ¿Siempre eres igual de gilipollas? ¿Te funciona? ¿Caen muchas rendidas con tus chorradas?
Lobo ya no parecía confundido. Su estúpida sonrisa se esfumó de su rostro y parecía realmente enfadado.
-Ten cuidado, a mí nadie me habla de esa manera.
-Uy, qué miedo me das -dijo Caperucita, mientras desabrochaba otro botón más de su blusa. Tan solo de pensar en lo que estaba a punto de pasar le entró calor en la fresca mañana.
Lobo dirigió su mirada al pecho que asomaba más allá de lo que el decoro permitía.
-Parece que la fuerza del señor Lobo se le va cuando mira un inocente escote... Te propongo un trato. Bueno, más bien, un reto. Si lo superas, me desnudo entera.
Lobo pareció salivar.
-De acuerdo -dijo, pensando más con la bragueta que con la cabeza-. ¿Cuál es el reto? Yo puedo con todo, je je.
Caperucita no tuvo que fingir una sonrisa esta vez. “Ya veremos si puedes, fanfarrón.”
-Oh, no será tan difícil la prueba, al menos para un tipo tan duro como tú, y además, será divertida, sobre todo para una chica como yo. Siéntate con la espalda apoyada en ese tronco -dijo, con tono autoritario.
-Pues sí que es fácil la cosa, ja ja -dijo Lobo, tomando asiento. Lo único difícil hasta el momento estaba siendo mantener escondido el bulto en su pantalón bajo la apretada tela.
-Qué graciosillo. La prueba es la siguiente. Tienes que aguantar sin correrte hasta que yo te lo diga.
-Ah, bueno, yo aguanto mucho, nena. Seguro que me pides tú antes que pare. Supongo que te vas a poner encima y por eso estoy sentado, ¿a que sí?
-Encima me voy a poner, sí, pero primero tengo que atarte.
-No creo que sea necesario.
-Lo voy a hacer. Te callas y punto. De hecho te haré callar.
-Uy, uy, ja ja.
Obviamente Lobo no se la estaba tomando muy en serio, y eso aumentó las ganas de Caperucita de bajarle los humos. Sacó una larga cuerda que llevaba siempre en la cesta, por precaución, en caso de necesitar ser rescatada de alguna hondonada traicionera en el terreno. Ató rápidamente a Lobo alrededor del pecho uniéndolo al rugoso tronco. Estuvo tentada de dejarlo así y echar a correr, para castigarlo, pero decidió buscar la manera de que el castigo fuese al mismo tiempo su placer.
-Bueno, basta de tonterías. Si no paras de reír tendré que amordazarte.
-Oye, no te pases con el jueguecito, a ver si tengo que denunciarte cuando esto acabe.
-¿Te parezco un peligro?
-Para nada -dijo Lobo, no del todo convencido-. Pero uno nunca sabe cuándo va a toparse con una puta loca.
Zas. La bofetada le volvió la cara del revés y dejó caer su gorra al suelo.
-Nadie me llama puta y menos en mi cara.
La gorra tapaba una buena melena, dato que Caperucita aprovechó para darle un buen tirón de pelo a Lobo, al tiempo que lo obligaba a mirar hacia arriba. Lo primero que se le ocurrió al ver su insolente mirada fue escupirle en la cara. Lobo estaba entre atónito y excitado. Ninguna chica se había atrevido nunca a tratarlo así. Y no parecía disgustarle del todo.
-Perdona, era una manera de hablar, lo de puta loca...
Otro nuevo tirón de pelo.
-¡Que no lo repitas, estúpido!
-Vale, vale, entendido.
Por primera vez, bajó la mirada, cosa que complació mucho a Caperucita.
-Bien, mejor. A ver si te portas bien y te suelto pronto.
-No tengo prisa, de hecho -confesó Lobo, lleno de repentina curiosidad por ver qué nuevas sensaciones le iba a deparar la mañana.
-Así que eres un pervertido, ¿eh? Si ya me lo imaginaba. Se te nota de lejos. Pero apuesto a que esto es nuevo para ti.
“Y para mí”, se dijo Caperucita, que hasta entonces tan solo había podido imaginar algo así en sus sueños más salvajes.
-Pues sí -admitió Lobo.- Pero soy un hombre de mente abierta y no tengo miedo de probar cosas nuevas.
-Oye, que te quede claro, esto no va de complacerte y ponerte cachondo. Esto es un castigo que te has buscado y que te mereces. Los machitos fanfarrones como tú me dan asco, así que vas a pagar por todos ellos juntos.
Lobo apenas podía pensar con claridad. No entendía bien el discurso ni las intenciones de la chica. Solo sabía que estaba a su merced, indefenso, viéndole casi todo el escote abierto, y la situación le estaba poniendo muchísimo. Empezaba a cansarse de ser siempre el que tomaba la iniciativa y de cumplir su papel de semental, aunque jamás lo confesaría si no se veía obligado a ello. Caperucita, por su parte, no necesitaba ninguna confesión, ya que su abultado pantalón hablaba por sí solo.
Si ella se propasaba, por la cuenta que le traía, no tendría ocasión de repetir. Con ese pensamiento se quitó los pocos reparos que pudiera tener y se dejó llevar.
-Ok, tienes razón. Castígame, he sido muy malo y no merezco compasión. Estoy completamente en tus manos, haz conmigo lo que quieras.
Tanto si era teatro barato por parte de Lobo como si había algo de sinceridad en sus palabras, Caperucita escuchó esa ronca voz diciendo aquello y casi tuvo que apretar los muslos para no correrse antes de tiempo.
-Bueno, poco a poco, que el ritmo lo marco yo. Pero lo primero es lo primero, y aún no desayuné. No voy a dejar que me arruines la fiesta. Ah, y esto también es importante, no vale hacer trampa.
Buscó la rústica cuerda que anudaba la bragueta del pantalón de Lobo y le dio un tirón.
-Así, que yo vea si eres capaz de no correrte. ¿Ya estás mojado? Mal vas... Ja ja ja.
-Es solo líquido, no es semen.
Caperucita realmente no conocía bien los entresijos de la intimidad masculina, pues más allá de un par de empujones de cadera por parte de algún atontado del vecindario, poco había experimentado en el sexo.
-Ya, ya lo sé -mintió-, solo bromeaba. Luego me ocuparé de... tu cosita. Ahora me voy a comer este estupendo pastelito. Mmm qué rico.
Caperucita degustó voluptuosamente el pastel, mientras observaba con malicia el expuesto pene erecto de Lobo. Su dueño, haciendo una rápida conexión mental entre los lametones de Caperucita y cómo le gustaría que los emplease sobre su entrepierna, sintió la sangre agolparse de repente en ese punto de su anatomía.
-Vaya, vaya, pues sí que aún podía crecer más eso. La verdad es que es enorme, Lobo, ya veo que lo tienes todo muy grande. Las tendrás a todas loquitas, ¿eh?
-No me puedo quejar -respondió él, que apenas podía respirar normalmente.
-Estaba siendo irónica, ceporro. Supongo que tus neuronas, ya de por sí lentas, no dan para más ahora -dijo, mientras se relamía las comisuras de los labios para apurar los últimos restos de azúcar-. A ver lo que puedo hacer contigo. No me van los tontos, por eso no encuentro novio en la aldea. Espero que al menos tú me sirvas de diversión cuando te use y abuse de ti.
Las últimas palabras de Caperucita provocaron un espasmo en el pene de Lobo, que sintió un escalofrío de placer recorrerle la nuca.
-Dime, Lobo, ¿tienes hambre?
Pero ella no esperó respuesta. Se subió la enagua y se bajó las braguitas de encaje del tirón. Agarró de nuevo la frondosa melena y guió su cabeza hasta dejarla a la altura adecuada. Él no necesitó indicaciones ni órdenes. Sacó su larga lengua y empezó a lamer con fruición el sexo de la chica. Ella no paró de darle tirones de pelo, cada vez más fuerte, a medida que aumentaba su excitación. Cuando se corrió la primera vez, se apartó para ver cómo iba su erección. Estaba al máximo, pero aguantaba sin correrse por el momento.
Caperucita se giró, levantó de nuevo su ropa a la altura de la cintura y le colocó el culo en la cara a Lobo. Se apoyó contra él sin dejar un resquicio. Cuando oyó un sonido gutural se apartó un poco para dejarlo respirar. Repitió la operación varias veces, mientras una sonrisa de diversión se le pintaba en el rostro. Después separó sus prietas nalgas para dejar expuesto su ano, haciéndole entender lo que debía lamer a continuación. Así lo hizo Lobo, disfrutando el momento a pesar del considerable dolor de testículos que tenía. Pensaba que quedaría poco para que ella se introdujese su miembro por la rosada apertura que acababa de lamer minutos atrás y poder al fin aliviarse un poco.
Pero Caperucita volvió a girarse y le cabalgó la cara con su húmedo coño en salvaje desenfreno. Sus gemidos podrían haber despertado a la aldea entera, de haber estado allí en vez de en medio del bosque. Un par de pájaros alzaron el vuelo asustados en ese momento. Lobo no se dio cuenta, con su cara empapada de flujo vaginal, y su pene goteando cada vez más sobre el lecho de hojas otoñales. Tras su segundo orgasmo, Caperucita se bajó la ropa para pensar qué haría a continuación con su inmovilizado rehén.
-Apuesto a que te mueres por follarme.
-Sí -dijo con dificultad Lobo, que aún sentía la fuerza de las embestidas de ella en sus músculos faciales.
-Pues hoy va a ser que no -repuso ella con una traviesa carcajada-. Prefiero jugar un rato con esto que tienes aquí.
Se agachó para tocar el pene de Lobo y este suspiró sin poder evitarlo. Bastaría un par de roces más para que sucumbiese al orgasmo, y eso supondría perder la apuesta y privarse de ver su desnudo cuerpo, que debía ser de infarto, visto lo visto hasta entonces. Se mordió los labios y trató de pensar en cosas desagradables.
La mano de Caperucita acariciaba su glande y a veces descendía hasta su abdomen. Aquello era pura crueldad, si seguía tocando allí ni el más desagradable pensamiento lo salvaría de su derrota.
-Por favor... no... ¿no puedes tocar más abajo?
Su voz sonó agónica.
-Así que señor Lobo quiere que le toque a su manera y gusto.
Paró por un momento y empleó esa mano en darle un par de sonoros bofetones.
-¡Que no te enteras! ¡Que me resbala si te gusta o no, te estoy castigando, cretino!
-Y que lo digas, lo estoy pasando mal -dijo Lobo, a punto de sollozar por primera vez en su vida.
-Pues no lo parece, tu polla parece a punto de explotar. Pero, veamos, por dónde íbamos. Ah, sí, querías que te tocase más abajo. ¿Qué tal aquí?
Caperucita cogió con su mano los testículos de Lobo y dio un apretón. Lobo soltó un “ay” seguido de algo en voz baja muy parecido a “japuta”.
-¿Me has insultado otra vez? Serás cerdo, aunque parezcas un lobo. Ahora aprenderás. Te dije que tendría que amordazarte, pero no tengo con qué hacerlo. Habrá que improvisar.
Se sentó en el suelo delante de él, se descalzó y metió a la fuerza un pie en la boca de Lobo. Él intentó zafarse y hablar, pero no pudo hacer nada más que dejarse humillar.
-Abre más la boca, joder, que me raspas con tus largos dientes. Así, muy bien, bien adentro, que te cabe entero. Chupa, cabrón.
Con su otro pie, se dedicó a recorrer la polla de Lobo de arriba a abajo y a pisarla contra su abdomen.
-Cómo me divierte esto, por no mencionar que me pone cachondísima.
Se terminó de desabrochar la camisa y la abrió por completo para acariciarse los pezones entre gemidos.
-No mires, eh, a ver si también voy a tener que taparte los ojos, descarado. ¿Cómo, qué dices? Ah, claro, que con la boca llena no puedes hablar, ji ji ji. Ya, ya supongo que no puedes evitar mirar mis tetas porque las tienes casi enfrente -siguió diciendo Caperucita en su particular monólogo-, pero no esperarías que te lo pusiera fácil, ¿verdad? Un hombretón como tú seguro que adora los retos, ¿eh?
Sin darle tregua, sacó su pie de la boca de él, que en ese momento estaba mudo y aturdido, y se sentó sobre sus talones para agarrar con ambas manos la palpitante polla. Frotó y frotó sin piedad, hasta que él se derramó entre espasmos.
-Oh... perdiste. Pero ni tan mal, ¿eh? Ya me cobraré este orgasmo gratis que te acabo de regalar. Quizá nos volvamos a encontrar otro día, ve mejorando tus modales hasta entonces. Ahora me voy pitando a casa de mi abu, que seguro que está ligando con ese cazador tan pesado. Alguien tiene que velar por la decencia de esta comarca, ¿no te parece?
Y así se fue Caperucita, dando saltitos entre risas, dejando atado y agotado a Lobo, feliz de haber sido domado por tan adorable, a la vez que malvada, criatura.